lunes, 16 de marzo de 2009

La respuesta

Hablo de ese tren de vapor que nos ayudó a salir del diluvio. Locomotora triste llegas y ves las Siete torres. Hablas de levantarte y sonreír. Coges tu armónica, la tocas con el aire de la locomotora, un gran soplo carbonizado. Te detienes y miras al cielo, cantas, o gritas, o sabe Dios qué, Ha la la la De Day.


No tengo la culpa de no ser del 60, de no recorrer con mis aires lozanos O’Connell Street, generación del 70.

Ciudad fantasma de Bodie, prefacio del regalo de Death Valley y Zabriskie Point, allí te encontré mi dulce cactus. Mi árbol de Joshua.


Desde las Siete Torres hasta Death Valley. Sólo suena Ha la la la De Day.


Espero que te sirva de respuesta.



*Running to stand still.

lunes, 9 de marzo de 2009

El beso de papá

¿Nunca habéis tenido sueños realmente “imposibles”?

Yo sí. He soñado en cantidad de ocasiones ser una estrella de rock. Me he imaginado futbolista de élite, intelectual de postín adicto a fumar en pipa, me he visto como carpintero “manitas” ¡Cómo no! También he soñado con ser un poeta. He sustituido a Hiram Bingham en el descubrimiento de Machu Pichu en una versión bastante galaica y pueril de Indiana Jones (con Game Boy color y galletas de dinosaurio), incluso he ansiado ser un profesor a la altura de Robbie Williams en “Dead Poets Society” (escribo el nombre de esta película en inglés para dármelas de entendido en versiones originales. Aunque cabe decir que en mí, el inglés sigue manifestándose en forma de tedioso balbuceo. Incomprensible sin la ayuda de un traductor).

Muchas de estas cosas soñadas y anheladas desde que era un pequeño retoño con tendencia al egoísmo (rayano en la estupidez) se han ido desvaneciendo, no por completo, pero sí en gran medida. Otros de esos sueños se me antojan en el presente, en caso de alcanzarlos, como una cagada tremenda en el firmamento, otros ya los he olvidado y otros han venido a ocupar el lugar de éstos últimos ya difuntos.

Es así el camino de los sueños y ambiciones, tortuoso y revelador. Es un camino que recorro en un peregrinaje de penitente ingenuo, descubriendo a base de palos (no demasiado dolorosos) que me faltan cualidades para la mayoría de metas que me marco. Lamento admitir que suelo desistir y me planto a veces, en mitad del camino. No obstante me enorgullezco al decir que suelo retomarlo con renovada actitud, con dosis de realismo más fuertes que me alejan del derrotismo y el pesimismo más macilento del planeta tierra.

No pasa nada si uno es un “pringao”, de esos hay muchos, más de los que nos hacen ver los anuarios de los filmes americanos, hay más de un “pringao” por clase. El problema de los pringuis, es que como yo, muchos nos disfrazamos, hacemos de la vida un carnaval, es un mecanismo de autodefensa que nos protege de cualquier ataque (ya sea Pokemon o humano) a nuestra endeble y tácita autoestima.

Pensemos con la cabeza, tarea a mi juicio, harto difícil (más si tenemos en cuenta los apagones que sufre mi cerebro cuando se le sobrecarga con exceso de información) ser un individuo librepensador es muy complicado, estamos manipulados incluso por el papel higiénico (el que absorbe y huele a fresa es más elitista que el blanco de toda la vida, éste último es para gente que se identifica con el no tan extinto como se cree proletariado) ¿Cómo coño se supone que vamos a ser librepensadores sino podemos ni escoger con un mínimo de autodeterminación el papel higiénico? (Por cierto, mi culo es tan delicado que insiste en que se le llame trasero y en el uso de toallitas para bebés para lidiar con la irritación pos defección ¿Ves lector? Mi culo tiene autodeterminación).

Para mí el mundo actual, carece de romanticismo histórico para generaciones futuras, seamos sinceros, la vida contemporánea es muy cutre, mísera, mugrienta… Es una mierda. Siendo honestos, pero viene bien dramatizar de vez en cuando, tampoco está tan mal, al fin y al cabo tenemos acceso directo a material cultural las 24 horas del día (sin patente de corso en la mayoría de los casos).

No quiero afirmar, pero afirmo, que la sociedad actual (en la que me incluyo, por cuestiones de datación histórica) no aporta alicientes suficientes para promover movimientos y actividades más nobles, más trascendentes. Las generaciones pasadas nos dieron el rock. No sabe nadie cuán agradecido les estoy por ello. Nosotros (con todo los respetos) les dejamos como legado las rimas de gente que “vive calle” (que dice vivir calle). Que esto no se malinterprete, considero que el hip hop (RAP o RIP o SPQR o BNG o NBA) es arte, no en su mayoría pero sí en su escasa minoría. Pero ni de largo tan grande y pleno como el rock.

No soy un fulano inconformista, no soy un activista (ni de largo), no soy una mente crítica, no soy nada ni nadie. Pero alcanzo a ver toda la capa de musgo que nos cubre ¿Qué se supone que debo hacer? Nada.

Lo aquí expuesto, hasta el momento, son desvaríos varios de un contrariado personaje de la tragicomedia más larga (o corta) del mundo celestial y del cielo mundial, que es la (puta) vida.

Una marioneta, eso es lo que soy. Oh lector mío. Tú también eres una marioneta.

El otro día, recordé, no sin cierto recelo, un episodio tremendamente dramático de mi infancia (siendo objetivos no fue tan trágico, está sobrevalorado por mi sensibilidad pretérita) en el cual rechace una petición de mi padre, en la que tras una refriega, me pedía un beso y yo me negaba. No quería hacerlo, es decir, quería dárselo, pero mi orgullo me lo impedía. Nunca jamás (cerca de Neverland), por muchos besos que le de a mi viejo (este vocablo es para acercarme al mundo juvenil) a lo largo de mi vida de ningún modo recuperaré ese beso que no le di ¿A dónde quiero llegar con esto? A ningún lado, pero me apetecía contarlo, me vino a la cabeza y me dije “Vamos, suéltalo”. Ni que decir tiene, que tampoco soy impulsivo, tiendo a precipitarme a tomar decisiones erróneas, las correctas, no las tomo, las deciden por mí, bastante tengo con no haberle dado un beso a mi padre… Beso que se merecía.

Oh lector mío ¿Qué te mueve?

A mí los impulsos carnales. Te lo juro. Te lo prometo.

Estoy fuera de contexto. Soy al mundo, lo que una lágrima es al llanto de un bebé. Uno más. Insignificante. No obstante. Por muy aburrido que vea todo, por muy poca cosa que vaya a ser o (muy poco probable) por mucho que llegue a ser nunca dejaré de ser un elemento fútil al mundo (¿Cuántos hombres habrán hecho historia en la Antigüedad y no aparecen en ninguno de los múltiples anales del Salón de Clío?). Lo que se dice en los entierros es cierto -“No somos nadie”- y más claro lo ve uno en los días de nubes. Solo hay lugar a la resignación. Resignación a lo que nos espera, no a lo que hay, que por cierto ¡Apesta!

Mucha mierda.

sábado, 31 de enero de 2009

Anónimo

Una suave brisa le acaricia la cara. Tiene el pelo erizado por el céfiro salado del mar. Da dos pasos al frente y se pone de cuclillas, estira el brazo, extienda el dedo índice y el corazón para palpar el suelo, la humedad de la hierba inunda su tacto, se lleva los dedos a la nariz e inspira con profundidad. Huele a hierba húmeda, huela a verde, huele igual que cualquier otro campo de hierba húmedo. Se levanta de nuevo y con los brazos en jarra, como una estatua de bronce, en es estado de parálisis observa el horizonte.

Una mano se posa en su hombro. Él no se alarma, esperaba esa visita, no le pilló de improviso ese toque a pesar de lo absorto que estaba en otro tiempo y en otra dimensión. Se da la vuelta. Se miran fijamente a los ojos y se funden en un abrazo predeterminado por las circunstancias.

Para una mayor facilidad y comprensión del que lee estas líneas, pondremos al sujeto que inicial el nombre de Pip (para variar) y al individuo que llega a posteriori le llamaremos Anónimo. Una vez hecho este inciso proseguimos con este humilde relato.

Ambos se separan, sonríen, y progresivamente y sin saber por qué se echan a reír a carcajadas. Una vez pasada la euforia, establecen una conversación, una como cualquier otra conversación existente en el mundo mundial.

- ¡Cuánto cambiaste cabronazo!

Anónimo suelta una fuerte carcajada, abre tanto la boca que Pip le hasta la “campanilla”.

- Me temo que no puedo decir lo mismo. Pasaron doce años y sigues igual.
- Sigo parecido, que no igual. Si no se me pudre la carrocería se me pudre el motor, al fin y al cabo es lo mismo.
- Pero lo disimulas mejor. Te adelantaste, habíamos quedado dentro de una hora, yo que quería venir antes y estar un rato por aquí paseando.
- Curioso, porque yo pensé lo mismo. De hecho aquí estoy.
- Ya veo ya ¿Qué tal en Galway?
- No es estar como en casa, pero después de doce años, pierdes la noción de lo que es tu hogar. Yo no soy de allí ni de aquí. Es una situación extraña.
- Tío. En doce años ni una visita, doce años sin verte macho ¿Por qué no venías Pip?
- El pasado nunca se borra, pero a veces huyendo queda un poco más atrás, quizá no fue la decisión más valiente ni la más correcta pero fue la que necesité durante estos doce años, fue la mejor solución para aquella pesadilla.

Anónimo ve en Pip el atisbo de emoción en sus ojos, se le enrojecieron. Anónimo no quiere hacerle daño pero una especie de rabia le carcome por dentro, quiere echarle en cara su ausencia, su cobardía.

- No pasaste tú solo por aquello Pip. No fuiste tú solo, éramos más. No lo olvides. Todos estábamos allí, nadie pudo hacer nada.
- No me jodas. En serio, no me jodas.
- Sí, rehúye. Márchate otros doce años, escoge el camino más fácil. Te repito que no fuiste tú solo, éramos más.
- No me compares. No hay color.
- ¿Por qué no hay color? No solo murió tu hermano y tus padres, no solo murieron ellos, murió mi padre, murió la mujer de Juan, murieron los hijos de Pedro, murió mucha gente, fue una guerra, que esperabas.

Pip se estaba acalorando, se estaba poniendo rojo, cerraba los puños con furia y desde el más profundo de los pozos sin fondo salió un chorro de voz encolerizado diciendo una frase que no dijo en doce años, la frase que le quemaba el alma.

- Yo maté a mi hermano. Yo lo maté.
- Por Dios Pip, por Dios. Él te iba a matar a ti. No tenías elección. Escogió el mando equivocado. No puedes pasar toda la vida torturándote por eso.

Anónimo se acercó a Pip. Extendió sus brazos y lo enlazó. Pip se rompió, y con una voz desgarrada, lloraba y decía.

- Mi hermanito no me mataba, él no. Si hubiese esperado, tan sólo un poco más, estaba nervioso pero no me iba a matar, solo estaba nervioso. Mi hermanito…Él me quería…Era mi hermano, por el amor de Dios, era mi hermanito pequeño, debía protegerlo y no matarlo.
- No digas eso Pip, no lo digas.
- Lo siento tanto, tanto, tanto… Debería haber muerto yo…
- Pip sabes que no, hiciste lo único que podías hacer.

Pip se separó de él. Y dijo con el dolor más inconmensurable del universo:

- Adiós, me voy pero algo más de 12 años.

Pip se agachó, volvió a acariciar el suelo, olió la humedad de la hierba. Y sin previo aviso se dejó caer por el acantilado abajo. Anónimo gritó con todo su corazón pero no podía hacer nada, tan sólo resignarse a ver una de las más crueles y bellas imágenes de su vida, la fusión entre el hombre y las olas, entre la vida y la muerte. Se dejó caer en el suelo, se tapó la cara y maldijo en voz alta al pasado bélico de sus almas. Ni la muerte borra el rastro de la guerra, el olor es demasiado fétido.

miércoles, 7 de enero de 2009

Vaquero

Vaquero cabalga con tu soledad hasta el amanecer. Cabalga en solitario vaquero del oeste. El desierto se hace estrecho cuando lo surca un cowboy a lomos de su corcel. A trote lento atraviesas el universo lleno de polvo. A la luz del sol, mascando tabaco y escupiendo flema americana en el suelo de Arizona. Único en tu especie, sabes cuando sales pero no cuando vuelves. Vaquero dejaste tu rancho abandonado. Carga tu revolver chico del oeste. Matas búfalos, buscas oro, añoras la fortuna, diriges ganado y te bates en duelos a los 12 junto a la torre del reloj. Mi vaquero ¿Donde estás? Tú que dominas el arte del lazo. Vaquero…

sábado, 3 de enero de 2009

O vello

Na torre máis alta do castelo hai dous homes que falan cas estrelas. Crúzanse unha mirada, soríen e volven a vista ao ceo. O máis vello dillo ao outro:


- Non é o tempo pasado nin o seu cariz remoto. Non é a paixón exercida polo paso do tempo, non é tampouco que eu esqueza nin que olvide. Sonche da aldea. Sonche do monte ou de trasmonte, igual non teño tanta vida coma ti nin sei falar coas túas verbas mais coñezo ben o latexo do corazón. Non creo que sexa morriña do pretérito. Nin se quera penso que sexa o amor. Non teño claro o qué. Só sei que o outro día, votei a chorar rapaz. Chorei coma un meniño. Farteime de recoller bágoas ca xema dos meus dedos. Ao principio pensei que cansara de vivir, crin que morría afogado nos meus choros, de certo que pensei que me devoraba a angustia. Parei de chorar, e sentín no meu interior o clamor de cen mil persoas berrando por min, pedíndome de xeonllos que non rendise pleitesía á morte, que non fose víctima do meu pasado. Viñeronme os meus ancentros á mente, fixéronme unha visita de cortesía na que me empuxaban a ver con claridade o futuro que todavía me agardaba por diante. E é sabido que o galego prefire o malo coñecido que o bo por coñecer, así que a miña decisión tornouse bastante fácil.

Deus levoume a moita xente de Noso Señor. Deixoume fastidado máis dunha vez. Estiven a piques de morrer da pena pola teima que ten ese Bendito Espírito de levarse a todo o que se lle da por nacer, que egoísta é. Non o entendes meu fillo. Cómo o vas a entender. Levoume o amor da miña vida cando tiña 23 anos. Aínda choro con 73. Por iso morría o outro día ¿Cómo dis que se supera iso? Nin con medio século por diante.

O vello deixou correr pola súa faciana un regueiro de paixón. Unha bágoa á esperanza.

- Non chore meu pai. Hai mil vidas que lle quedan por vivir. Mil amores por coñecer e un fillo ao que querer. Non me amole e non se poña a chorar. Míreme aos ollos e díagme que non está orgulloso co que lle deparou a vida, dígamo porque aínda así non lle creerei. Deme unha aperta e deixe de por os seus ollos no que xa pasou, do que xa está morto. Viva a miña vida se é necesario porque non dubidarei en outorgarlla. Vello do demo, cale e soría. O mundo é pequeno de máis para vostede.

martes, 30 de diciembre de 2008

Por las dudas.

Pip está en su habitación, iluminado bajo la luz del flexo. Lleva varias horas lidiando con el insomnio. Una pesada carga atormenta su conciencia. No sabe como debe actuar, no sabe como debe proceder. Se siente abochornado, traicionado y humillado. Tiene el cuerpo cubierto de rabia.

Desesperado se frota los ojos con las yemas de los dedos. Mucha gente se lo tenía advertido. Todo el mundo en esencia y a grandes rasgos aconsejaba lo mismo, todo el mundo lo hace… Nadie confía en los demás, al menos no demasiado, al menos no en todo el mundo. Su madre siempre le decía “piensa mal y acertarás.” Pip siempre se había mostrado reacio a este tipo de pensamiento. Confiaba siempre en todos los que fuesen dignos de tal merecimiento, no sospechaba de aquellos a los que consideraba amigos y jamás esperaba una puñalada por la espalda de los que consideraba sus seres queridos. Con el tiempo fue encontrando excepciones que confirmaban su regla. Pero llega un punto en el que él cree que quizás deba replantearse ciertos dogmas de vida. Él no quiere, pero da la impresión de que le obligan.

Se levanta de la silla, se estira víctima de un bostezo, sale de la habitación, atraviesa el pasillo y entra en la segunda puerta a la derecha para abrir la nevera de la cocina y beber un trago. Se sirve un vaso de ron y toma asiento. Mientras saborea y disfruta del calor de la bebida sigue dándole vueltas a lo suyo.

Siempre había olvidado las “traiciones” cuando se habían dignado a pedirle perdón, ni tan siqueira eso, tan sólo con que mostrasen arrepentimiento Pip había vuelto a depositar su confianza en la otra persona. Lo hacía porque pensaba y piensa que nadie es perfecto y que cualquier día él podía cometer el mismo error y desearía ser perdonado.

Nunca fue de los de si le dan una patada contestar con un puñetazo, al contrario, si le daban el ponía la otra mejilla ¿Debería replantearse eso también? ¿Dónde queda el arrepentimiento? ¿Dónde queda el respecto?

Pip no se consideraba ni se considera una buena persona al uso, para nada, se considera cabroncete y excesivamente vacilón. Seamos sinceros se ve como un pequeño hijoputa pero de los que tienen principios. Sí también hay de esos. Cree en la confianza.

Quizás con los que no son los suyos no se porta del todo bien, al menos no todo lo que debería. Cierto que siempre se puede dar más, pero Pip cree, y los que realmente le conocen (realmente pocos) también lo creen así, que por un amigo, un hermano, por su alma gemela el da los pantalones y la vida si hace falta.

¿Realmente hay alguien, al margen de los que se ven obligados por sangre o corazón, qué sienta esto por mí? ¿Es justo tener estas dudas?

Pip coge su abrigo más gordo, se lía la bufanda al cuello, con el mayor sigilo y sin dar un paso después de otro hasta asegurarse que no se produciría ningún ruido avanza por el pasillo hasta la puerta de la entrada del piso, coge un juego de llaves y sale a la intemperie en la fría noche para refrescar las ideas.

A merced de la helada nocturna Pip rompe en un estado de ira y paga sus penas con la verja de una pista de fútbol. Le propina golpes secos y metálicos. Siente su corazón latir a mil por hora y la respiración se le acelera,. Para por el malestar que le empieza a causar el aire frío en su garganta.

Pip piensa que ellos no saben lo que han hecho, le están haciendo reestructurar sus principios más básicos, esos que adquirió con los consejos de su padre, esos que mamó de sus actos, esos que vio en las películas, que leyó en los libros, esos con los que un día, cuando ciertamente estaba solo, soñó con poder compartir.

¿Debo volver a confiar en todos, o debo sólo confiar en aquellos que no me han fallado? ¿Qué hago?

Muchas veces Pip, se reconoce, se ve a sí mismo, sabe quien es, pero en días como los de hoy no sabe quien es, duda de todo ¡Y cómo duda!

Lleva medio año con la duda. Una parte de él le exige mantenerse fiel a una de sus esencias (quizás la única) más noble. La otra le pide y reclama un cambio radical…

sábado, 27 de diciembre de 2008

Fidelidad

- Le debo mi fidelidad.
- ¿Tú fidelidad?
- Si.
- ¿Qué quiere decir eso?
- Ha sido noble conmigo y siempre me ha profesado un cariño desmesurado para lo que merezco. ¡Qué menos que fidelidad!
- ¡Qué más dará eso! Aprovéchate de las circunstancias y huye. No vas a tener otra oportunidad similar. A él lo han cogido. No hay más opciones para los que le apoyáis. Os ha llegado la hora. Te aconsejo como marido de mi hermana que eres, lo hago por ella. Me estoy jugando el tipo diciéndote estas cosas.
- Te lo agradezco, pero hay cosas más importantes que el bienestar personal. Hay cosas realmente importantes ahí fuera. No puedo desaparecer sin más. Tengo conciencia y tu hermana está de acuerdo conmigo.
- ¡Vamos por Dios! Te han traicionado, a ti y a él. Deberías reconsiderar tu posición como han hecho muchos de los vuestros.
- Eso es cobardía y lo sabes. No puedo abandonar ni quiero. No es valentía, ni orgullo, ni siquiera es por un bien mayor. Simplemente es lo correcto. Son demasiadas cabezas las que han rodado en vano como para hacer caso omiso al grito de los desdichados.
- No sabes la verdad Pip. No la sabes, al menos no toda. Te han manipulado, sé inteligente y parte.
- ¿Qué no entiendes? Le seré fiel hasta el fin de mis días.

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- Querido Pip. Tengo una misión que encomendarte.
- Lo que usted guste Señor.
- Joven muchacho, quiero que me sustituyas. Quiero que ocupes mi lugar.
- Oh Señor… Yo… No creo. En fin, no soy para nada un genio como usted. Lo siento, pero creo que hay personas mejor preparadas que yo y que seguramente merezcan tal honor. Nunca pensé que diría esto pero creo que este es un error por mi parte.
- Pip, mi hundimiento se acerca. Dos de los nuestros me van a traicionar, sino lo han hecho ya. Debo dejar todo organizado para mi caída. No sería modesto por mi parte achacarme toda la culpa de este descalabro pero sí es cierto que gran parte de este desaguisado corre a mi cargo. Para arreglarlo necesito tú ayuda. Eres el más valiente de todas las personas que conozco, y sin duda el más fiel a mi cargo. Y lo más importante de todo, hace ya mucho tiempo que he descubierto que eres la mejor persona de los dos. Ahora no digas nada más, levántate y ve con tu familia, ellos te necesitan más que yo. No tienes que responderme hoy. Piénsalo. Feliz Navidad Pip.
- Feliz Navidad mi Señor. Y tenga usted ya su respuesta. Si considera que lo mejor es que yo esté al cargo en su ausencia, así se hará. Siempre fiel a su persona.
- Me conmueves Pip.
- Feliz Navidad Señor.