domingo, 3 de abril de 2011
Rosas del desierto
Más de un año vagando por el desierto, en busca de un oasis remanso de paz.
No he abandonado mi peregrinación, sigo haciendo penitencia, tan sólo he encontrado "Wi-Fi entredunas"...
No lo eché de menos, no lo echo de menos y es posible que me guste la soledad en la arena. Aún así, todos los días me acuerdo de que tengo una bitácora a la que volver; es entonces cuando me asaltan las dudas, me prometí regresar en el momento en el que me sintiese listo para contar historias. Pero lo veo difícil porque en este año me he topado con la sorpresa de que el tipo alegre, descuidado, abandonado, desidioso, negligente, holgazán y perezoso me trae mucha más felicidad que el tipo decadente, depresivo, lleno de miedos que trataba de encontrarse donde no estaba... es lo que tiene buscar nubes en el mar.
Sonrío al alba esteparia, quizá no vuelva; es posible que antes de venderme al diablo prefiera ser un alma errante; no descarto otra promesa sin cumplir y van unas cuantas...
De todas formas, estoy seguro de que en el desierto encontraré las rosas del perdón... Igual me pasa como al otro y me lleva 40 años, con lo que cabe la posibilidad de que nadie esté esperando mi ramo... de tres flores (por el momento).
Son flores desde el Sáhara, Chihuahua y Gobi hasta el corazón... Quizás no vuelva, quizás tarde 40 años, quizás lo retome donde lo dejé...
No he abandonado mi peregrinación, sigo haciendo penitencia, tan sólo he encontrado "Wi-Fi entredunas"...
No lo eché de menos, no lo echo de menos y es posible que me guste la soledad en la arena. Aún así, todos los días me acuerdo de que tengo una bitácora a la que volver; es entonces cuando me asaltan las dudas, me prometí regresar en el momento en el que me sintiese listo para contar historias. Pero lo veo difícil porque en este año me he topado con la sorpresa de que el tipo alegre, descuidado, abandonado, desidioso, negligente, holgazán y perezoso me trae mucha más felicidad que el tipo decadente, depresivo, lleno de miedos que trataba de encontrarse donde no estaba... es lo que tiene buscar nubes en el mar.
Sonrío al alba esteparia, quizá no vuelva; es posible que antes de venderme al diablo prefiera ser un alma errante; no descarto otra promesa sin cumplir y van unas cuantas...
De todas formas, estoy seguro de que en el desierto encontraré las rosas del perdón... Igual me pasa como al otro y me lleva 40 años, con lo que cabe la posibilidad de que nadie esté esperando mi ramo... de tres flores (por el momento).
Son flores desde el Sáhara, Chihuahua y Gobi hasta el corazón... Quizás no vuelva, quizás tarde 40 años, quizás lo retome donde lo dejé...
domingo, 20 de septiembre de 2009
Oh (Sorpresa)
Como decía el otro:
- Únicamente me enorgullezco de una cosa. Sólo lloré cuando valía la pena.
- Únicamente me enorgullezco de una cosa. Sólo lloré cuando valía la pena.
martes, 8 de septiembre de 2009
Esos ojos verdes
No siempre se ve la luz del mismo color, no siempre gira todo a nuestro alrededor, no siempre hay cabida para el amor. No tuve nunca una sensación, tan melodiosamente dramática para el corazón, como aquel grito intenso que salió de tu interior, un susurro, un leve adiós.
Quizás no hubo momento para el dolor, tan sólo dos grititos de alivio y seducción. Aquel morbosa baile, aquella dulce silueta, aquella tremenda tentación, de tus ojos verdes bicolor.
Era una noche triste, de un lunes dominguero, eran cuatro chicos y un burro borriquero. Nadie los vio salir, nadie los vio llegar. Pero todo el mundo pudo ver sus cuatros cuerpos en el altar.
Tibios, blancos y mugrientos, eran cuatro maniquís de una tienda fúnebre sin música. Tan sólo redobles de un lejano tambor.
En el frondoso bosque de tus entrañas, doce lamentos para el olvido, en las calles de mi casa, cuatro lágrimas de las que sólo sabías tú.
No olvides, sinvergüenza, que tu cara lleva tu nombre, no te escapes sino quieres, pero huye mientras puedas.
Pequeño distante granuja. Canalla perverso, todos sabemos que fuiste tú, dejaste tus ojos verdes tatuados en el ataúd.
Te veo, te veo, te veo, aunque dices que no eres tú.
Quizás no hubo momento para el dolor, tan sólo dos grititos de alivio y seducción. Aquel morbosa baile, aquella dulce silueta, aquella tremenda tentación, de tus ojos verdes bicolor.
Era una noche triste, de un lunes dominguero, eran cuatro chicos y un burro borriquero. Nadie los vio salir, nadie los vio llegar. Pero todo el mundo pudo ver sus cuatros cuerpos en el altar.
Tibios, blancos y mugrientos, eran cuatro maniquís de una tienda fúnebre sin música. Tan sólo redobles de un lejano tambor.
En el frondoso bosque de tus entrañas, doce lamentos para el olvido, en las calles de mi casa, cuatro lágrimas de las que sólo sabías tú.
No olvides, sinvergüenza, que tu cara lleva tu nombre, no te escapes sino quieres, pero huye mientras puedas.
Pequeño distante granuja. Canalla perverso, todos sabemos que fuiste tú, dejaste tus ojos verdes tatuados en el ataúd.
Te veo, te veo, te veo, aunque dices que no eres tú.
jueves, 27 de agosto de 2009
Calle Sin Talento
No hay que ser bohemio para ser artista, ni dárselas de intelectual de postín, ni fumar en pipa, ni llevar sombrero, ni dejarse bigote, ni siquiera hace falta leer muchos libros, no hace falta vivir al margen de las normas y las convenciones sociales,ni residir en buhardillas, tampoco es necesaria la creación de versos ni las discusiones a la luz de la razón. No es menester ser pródigo en ideas, en realidad no es imprescindible nada que sea prescindible.
A decir verdad uno no sabe si el artista nace o se hace, si es una cuestión de talento, de trabajo o una simbiosis de ambos. Uno no sabe muy bien qué es un artista, no obstante, se ven, se leen, se escuchan, se admiran y se disfrutan. Uno puede ver un artista donde otro no ve más que un elemento inerte y sin entrañas.Es, por definición, una cuestión relativa.
Muchos aspiran a tal elogio o distinguida profesión, muchos estudian para ello y se preparan, mas deben saber que nadie hace carrera.
Quizás es pasajero, quizás es para siempre, o quizás es fruto de esta noche que precede a cinco meses de triste reflexión, pero sé, aunque sólo sea por esta noche enlutada, que no soy un artista. Por mucho que me esfuerce no alcanzo, nunca se sabe lo que seré el día de mañana, pero ni hoy ni en fechas próximas seré miembro del artístico gremio. Sin embargo, es de muchacho de honra el morir con las botas puestas, y es posible que nunca me cuelgue esa medalla, mas nadie jamás podrá quitarme la condición de aspirante.
Calle Sin Talento.
A decir verdad uno no sabe si el artista nace o se hace, si es una cuestión de talento, de trabajo o una simbiosis de ambos. Uno no sabe muy bien qué es un artista, no obstante, se ven, se leen, se escuchan, se admiran y se disfrutan. Uno puede ver un artista donde otro no ve más que un elemento inerte y sin entrañas.Es, por definición, una cuestión relativa.
Muchos aspiran a tal elogio o distinguida profesión, muchos estudian para ello y se preparan, mas deben saber que nadie hace carrera.
Quizás es pasajero, quizás es para siempre, o quizás es fruto de esta noche que precede a cinco meses de triste reflexión, pero sé, aunque sólo sea por esta noche enlutada, que no soy un artista. Por mucho que me esfuerce no alcanzo, nunca se sabe lo que seré el día de mañana, pero ni hoy ni en fechas próximas seré miembro del artístico gremio. Sin embargo, es de muchacho de honra el morir con las botas puestas, y es posible que nunca me cuelgue esa medalla, mas nadie jamás podrá quitarme la condición de aspirante.
Calle Sin Talento.
miércoles, 19 de agosto de 2009
Charlot y la voz
La muestra reune unos cien documentos (fotografías de estudio y fragmentos de películas)de Charlot. Sin duda una tentativa ciertamente irresistible. La exposición se celebra en la Iglesia de la Universidad, lo cual es excepcional, porque se puede admirar el contraste de los tiempos pasados en comunión con elementos tan modernos como la filmografía o la fotografía.
Una vez situados(sepan, todos ustedes, que transcurre todo en Santiago de Compostela, ciudad terriblemente bella)les contaré lo allí acaecido.
Nuestro amigo, compañero y personaje de alguna que otra historia aquí contada, Pip, asistió a la exposición. Disfrutó, le gustó mucho, le pareció realmente amena, hasta el momento fatídico.
Pip estaba viendo un fragmento de "Tiempos Modernos" cuando se percata de que el televisor de pantalla plana tiene botón para subir el volumen. Pip, con toda la ingenuidad del mundo se dice -Si no escucho nada- y en un acto de inteligencia, haciendo gala su apabullante agilidad mental le sube el volumen, con la sorpresa añadida de que seguía sin escucharse nada. Todo sucedió muy deprisa, y para cuando quería darse cuenta, Pip ya estaba siendo víctima de la mirada indiscriminada de un "segurata" (uno de esos seres pasotas, a los que revisten de una autoridad ficticia y vana pero que acojonan lo mismo que un policía nacional) que dice:
- Psssssh. No se toca.
A lo que Pip responde con una sonrisa bobalicona.
Pip piensa y piensa y dice y dice que :
- La películas mudas, por mucho que le subas la voz siempre suenan igual...
Una vez situados(sepan, todos ustedes, que transcurre todo en Santiago de Compostela, ciudad terriblemente bella)les contaré lo allí acaecido.
Nuestro amigo, compañero y personaje de alguna que otra historia aquí contada, Pip, asistió a la exposición. Disfrutó, le gustó mucho, le pareció realmente amena, hasta el momento fatídico.
Pip estaba viendo un fragmento de "Tiempos Modernos" cuando se percata de que el televisor de pantalla plana tiene botón para subir el volumen. Pip, con toda la ingenuidad del mundo se dice -Si no escucho nada- y en un acto de inteligencia, haciendo gala su apabullante agilidad mental le sube el volumen, con la sorpresa añadida de que seguía sin escucharse nada. Todo sucedió muy deprisa, y para cuando quería darse cuenta, Pip ya estaba siendo víctima de la mirada indiscriminada de un "segurata" (uno de esos seres pasotas, a los que revisten de una autoridad ficticia y vana pero que acojonan lo mismo que un policía nacional) que dice:
- Psssssh. No se toca.
A lo que Pip responde con una sonrisa bobalicona.
Pip piensa y piensa y dice y dice que :
- La películas mudas, por mucho que le subas la voz siempre suenan igual...
sábado, 8 de agosto de 2009
Un baño de masas
Se acercan las 10 de la noche. Es la hora. Un silencio aterrador emerge, mis oídos lo sienten, y presienten lo que hay al otro lado de la pared. Mi corazón late cada vez más deprisa, siento los latidos en mi cabeza, quiero pensar en algo, pero tengo la mente en blanco, es la primera vez que hago esto en público, me sudan las manos.
Mis tres compañeros cruzan el pasillo, me dan palmaditas en la espalda a medida que van pasando, es como estaba planeado, yo me quedo en soledad 30 segundos más. Comienza a sonar la música, sólo la música.
Me toca, comienzo a andar, atravieso el pasillo, todo oscuro. Ahora. Los dos focos se encienden de golpe, ante mis ojos 13 vástagos oyentes. El pasotismo se hace patente, me siento Dios, el ritmo de la batería me lleva hasta el escenario, avanzo con timidez, cojo el micrófono, y aprovecho la oscuridad para buscar intimidad, sin vergüenza cierro los ojos y canto.
Cuando a alguien le pregunten por algunos de nuestros conciertos dirán “No sé qué decirte, tampoco les presté mucha atención”, lo que ellos no saben, es que a nosotros también nos la chuparán un rato.
Durante 2 horas y medias nuestro ego alcanza límites insospechables. Nos sentimos cojonudamente bien. Cuando todo termina, no sé el resto, pero a mí me sobrecoge la soledad y el desamparo y me doy cuenta de que fue algo tremendamente agobiante e intimidatorio. Al bajarme del escenario vomito, pido una copa e intento controlar el pulso, sé que quiero repetir pero me siento enfermo, es todo muy contradictorio.
Se acercan las 10 de la noche. Es la hora. Un suave ronroneo emerge, mis oídos lo sienten, y presienten lo que hay al otro lado del túnel de oscuridad. Mi corazón late cada vez más deprisa, siento los latidos en mi cabeza, quiero pensar en algo, pero tengo la mente en blanco, me siento parte de un ritual establecido desde el primer día que hice esto. Me sudan las manos, y eso que cargo con varios años de experiencia.
Mis tres compañeros atraviesan al mismo tiempo el túnel, me dan palmaditas en la espalda a medida que van pasando, es como estaba planeado, yo me quedo en soledad 30 segundos más. El estruendo aumenta, comienza a sonar la música.
Me toca, comienzo a andar, paso el túnel, todo oscuro. Ahora. Los focos se encienden de golpe, estallan mil flashes fotográficos y ante mis ojos 80.000 vástagos oyentes. El griterío se hace ensordecedor, me siento Dios, el ritmo de la batería me lleva hasta el escenario, empiezo a correr, cojo el micrófono, y aprovecho la carrera para llegar, micrófono en mano, hasta el final del escenario y tirarme de rodillas, y ahora sí, con muchas ganas, cierro los ojos y canto.
Cuando a alguien le preguntan por algunos de nuestros conciertos, siempre suelen decir “se me pone la piel de gallina”, lo que ellos no saben, es que a nosotros también.
Durante 2 horas y media nuestro ego alcanza límites insospechables. Nos sentimos cojonudamente bien. Cuando todo termina, no sé el resto, pero a mí me sobrecoge la soledad y el desamparo, deseo que llegue el siguiente concierto, y mientras tanto mi botella de ron me ayuda a digerir mejor la espera…
Intuyo que sería algo así…
Mis tres compañeros cruzan el pasillo, me dan palmaditas en la espalda a medida que van pasando, es como estaba planeado, yo me quedo en soledad 30 segundos más. Comienza a sonar la música, sólo la música.
Me toca, comienzo a andar, atravieso el pasillo, todo oscuro. Ahora. Los dos focos se encienden de golpe, ante mis ojos 13 vástagos oyentes. El pasotismo se hace patente, me siento Dios, el ritmo de la batería me lleva hasta el escenario, avanzo con timidez, cojo el micrófono, y aprovecho la oscuridad para buscar intimidad, sin vergüenza cierro los ojos y canto.
Cuando a alguien le pregunten por algunos de nuestros conciertos dirán “No sé qué decirte, tampoco les presté mucha atención”, lo que ellos no saben, es que a nosotros también nos la chuparán un rato.
Durante 2 horas y medias nuestro ego alcanza límites insospechables. Nos sentimos cojonudamente bien. Cuando todo termina, no sé el resto, pero a mí me sobrecoge la soledad y el desamparo y me doy cuenta de que fue algo tremendamente agobiante e intimidatorio. Al bajarme del escenario vomito, pido una copa e intento controlar el pulso, sé que quiero repetir pero me siento enfermo, es todo muy contradictorio.
Se acercan las 10 de la noche. Es la hora. Un suave ronroneo emerge, mis oídos lo sienten, y presienten lo que hay al otro lado del túnel de oscuridad. Mi corazón late cada vez más deprisa, siento los latidos en mi cabeza, quiero pensar en algo, pero tengo la mente en blanco, me siento parte de un ritual establecido desde el primer día que hice esto. Me sudan las manos, y eso que cargo con varios años de experiencia.
Mis tres compañeros atraviesan al mismo tiempo el túnel, me dan palmaditas en la espalda a medida que van pasando, es como estaba planeado, yo me quedo en soledad 30 segundos más. El estruendo aumenta, comienza a sonar la música.
Me toca, comienzo a andar, paso el túnel, todo oscuro. Ahora. Los focos se encienden de golpe, estallan mil flashes fotográficos y ante mis ojos 80.000 vástagos oyentes. El griterío se hace ensordecedor, me siento Dios, el ritmo de la batería me lleva hasta el escenario, empiezo a correr, cojo el micrófono, y aprovecho la carrera para llegar, micrófono en mano, hasta el final del escenario y tirarme de rodillas, y ahora sí, con muchas ganas, cierro los ojos y canto.
Cuando a alguien le preguntan por algunos de nuestros conciertos, siempre suelen decir “se me pone la piel de gallina”, lo que ellos no saben, es que a nosotros también.
Durante 2 horas y media nuestro ego alcanza límites insospechables. Nos sentimos cojonudamente bien. Cuando todo termina, no sé el resto, pero a mí me sobrecoge la soledad y el desamparo, deseo que llegue el siguiente concierto, y mientras tanto mi botella de ron me ayuda a digerir mejor la espera…
Intuyo que sería algo así…
sábado, 9 de mayo de 2009
La gota de agua y el grano de arena
En una noche oscura, de una historia incierta, que nadie conoce (excepto un servidor), de un lugar muy remoto, se juntaron, de forma amistosa, un grano de arena y una gota de mar.
El grano habló con la gota, y la arena hizo lo propio con el mar. Hablaron sin parar, toda la noche, que si tú líquida que si yo sólido, que si tú salada que si yo amargo, que si tú mojada que si yo seco, que si tú insignificante que si yo también… Hablaron sin parar, hasta que el sol de la mañanita, invitó, de forma cariñosa, a la luna a dar un paseo por el horizonte. Cuando esto ocurrió, la calma que precedía al día se partió. Comenzaron a llegar las primeras aves, y con ellas el ajetreo propio del mundo animal. El grano de arena y la gota de agua tuvieron que separarse, sin ellos saberlo, hasta el fin de sus días, que serán eternos.
¿Por qué se rompió la armonía? ¿Por qué no se pueden volver a ver esas dos insignificantes existencias?
Quizás, y sólo quizás, porque el destino tiene caminos infinitos para el desencuentro.
Porque así estaba escrito. En dónde se preguntarán algunos, pues evidentemente, en las páginas de esa incierta historia, que nadie conoce (excepto un servidor) y que seguramente nadie escribió.
Pero de lo que sí estoy seguro, es que si de mí dependiese, tanto esa gota como ese grano de arena serían elementos dispares de una misma unidad. Es que no comprendo…
Es, a veces, cuestión de perspectiva personal, el poder encontrarle sentido al infortunio y al azar. Unos días (curiosamente de forma muy azarosa) pienso unas cosas y otros días pienso otras totalmente distintas, caigo pues, de nuevo, en la trampa de las redes de la contradicción, una maraña imprescindible para darle forma a elementos inexplicables de la propia virtud.
Una maraña imprescindible, para entender la realidad.
El grano habló con la gota, y la arena hizo lo propio con el mar. Hablaron sin parar, toda la noche, que si tú líquida que si yo sólido, que si tú salada que si yo amargo, que si tú mojada que si yo seco, que si tú insignificante que si yo también… Hablaron sin parar, hasta que el sol de la mañanita, invitó, de forma cariñosa, a la luna a dar un paseo por el horizonte. Cuando esto ocurrió, la calma que precedía al día se partió. Comenzaron a llegar las primeras aves, y con ellas el ajetreo propio del mundo animal. El grano de arena y la gota de agua tuvieron que separarse, sin ellos saberlo, hasta el fin de sus días, que serán eternos.
¿Por qué se rompió la armonía? ¿Por qué no se pueden volver a ver esas dos insignificantes existencias?
Quizás, y sólo quizás, porque el destino tiene caminos infinitos para el desencuentro.
Porque así estaba escrito. En dónde se preguntarán algunos, pues evidentemente, en las páginas de esa incierta historia, que nadie conoce (excepto un servidor) y que seguramente nadie escribió.
Pero de lo que sí estoy seguro, es que si de mí dependiese, tanto esa gota como ese grano de arena serían elementos dispares de una misma unidad. Es que no comprendo…
Es, a veces, cuestión de perspectiva personal, el poder encontrarle sentido al infortunio y al azar. Unos días (curiosamente de forma muy azarosa) pienso unas cosas y otros días pienso otras totalmente distintas, caigo pues, de nuevo, en la trampa de las redes de la contradicción, una maraña imprescindible para darle forma a elementos inexplicables de la propia virtud.
Una maraña imprescindible, para entender la realidad.
lunes, 4 de mayo de 2009
Epitafio suicida
Epitafio suicida, retales de vida, en un cementerio de cuatro esquinas. Ahogado en lo presuntuoso dije no, a la sensación, de dejarme llevar.
Saltando muros, esquivando vayas. Alcancé el fulgor de luz, en un brillo sintomático de claridad y lucidez ciega.
Nadé en los más hondos vacíos y me sumergí en la oscuridad de colores. Un surrealismo de ficción me otorgó en pequeñas dosis de realidad un poco de impresionismo ilusorio. Era, como decía, un clavel de ramas y azúcares, muy parecido al papel en blanco de los libros sin letras.
Salió pues, del mundo de los sueños, este disparatado escenario para su disfrute y devoción.
Saltando muros, esquivando vayas. Alcancé el fulgor de luz, en un brillo sintomático de claridad y lucidez ciega.
Nadé en los más hondos vacíos y me sumergí en la oscuridad de colores. Un surrealismo de ficción me otorgó en pequeñas dosis de realidad un poco de impresionismo ilusorio. Era, como decía, un clavel de ramas y azúcares, muy parecido al papel en blanco de los libros sin letras.
Salió pues, del mundo de los sueños, este disparatado escenario para su disfrute y devoción.
viernes, 1 de mayo de 2009
El cartero de marras
Todos los días laborables del año, Emiliano, un funcionario, cumple con su cometido de forma rigurosa y excepcional. Reparte y recoge la correspondencia a todos los habitantes de los pueblos olvidados de la mano de Dios y de la naturaleza.
Realiza el trayecto a lomos de una vespa amarilla, con cuyo rugido anuncia su llegada a través de las montañas. Un eco fugitivo.
Los paisanos lo reciben con más o menos cariño, pero siempre de forma amistosa. Desciende y asciende por antiguos caminos que le adentran o le sacan de Sierras llenas de sauces, olmos y robles bajo los que poder sestear huyendo de los rigores veraniegos, o bajo los que guarecerse en los días de frío y lluvia. Todo esto forma una nube de vegetación extraordinaria al ojo humano.
Entre pueblo y pueblo, Emiliano hace una paradita, charla con los vecinos, se toma un queso de cabra con pan y reanuda la marcha. Así todos los días laborables del año. Todo igual, e igual que todos los días, ya no como cartero, sino como ser humano deposita una carta en el último buzón, de la última casa, del último pueblo, de la última montaña de todo el itinerario. Una carta que igual que siempre no sería leída:
Querida:
En lo frondoso de la oscuridad de mi mente, no alcanzo a ver más que el escarnio y el castigo que merezco. No llegarán ni el día ni la hora en los que mí arrepentimiento sea suficiente. Sé que pereceré en el más arduo de los infiernos. Me consta que soy persona non grata en tu corazón y en tu alma. Pero, no por todo ello debo resignarme a ser contemplativo, qué menos que solicitar tu perdón y clemencia, qué menos que llorar por ti, en la soledad del cementerio de la angustia, viendo como mis lágrimas caen por los crucifijos, dibujando, al deslizarse, un epitafio que reza “Aquí yace el diablo”.
Una vez hecho este acto tan ritualizado en la vida de Emiliano, arranca la moto y se va ladera abajo. Haciendo penitencia.
Una vez se aseguró de que el cartero hubo desaparecido de su vista, una mujer, vestida con sus trapos, harapos y andrajos, sale de la casa, se dirige con decisión al buzón, introduce la mano y extrae un sobre inmaculadamente blanco. Y como venía haciendo todos los días laborables de los últimos veinte años, prendió fuego a la epístola diciendo - Cuanto más se conoce a los hombres, más se admira a los perros-.
Realiza el trayecto a lomos de una vespa amarilla, con cuyo rugido anuncia su llegada a través de las montañas. Un eco fugitivo.
Los paisanos lo reciben con más o menos cariño, pero siempre de forma amistosa. Desciende y asciende por antiguos caminos que le adentran o le sacan de Sierras llenas de sauces, olmos y robles bajo los que poder sestear huyendo de los rigores veraniegos, o bajo los que guarecerse en los días de frío y lluvia. Todo esto forma una nube de vegetación extraordinaria al ojo humano.
Entre pueblo y pueblo, Emiliano hace una paradita, charla con los vecinos, se toma un queso de cabra con pan y reanuda la marcha. Así todos los días laborables del año. Todo igual, e igual que todos los días, ya no como cartero, sino como ser humano deposita una carta en el último buzón, de la última casa, del último pueblo, de la última montaña de todo el itinerario. Una carta que igual que siempre no sería leída:
Querida:
En lo frondoso de la oscuridad de mi mente, no alcanzo a ver más que el escarnio y el castigo que merezco. No llegarán ni el día ni la hora en los que mí arrepentimiento sea suficiente. Sé que pereceré en el más arduo de los infiernos. Me consta que soy persona non grata en tu corazón y en tu alma. Pero, no por todo ello debo resignarme a ser contemplativo, qué menos que solicitar tu perdón y clemencia, qué menos que llorar por ti, en la soledad del cementerio de la angustia, viendo como mis lágrimas caen por los crucifijos, dibujando, al deslizarse, un epitafio que reza “Aquí yace el diablo”.
Una vez hecho este acto tan ritualizado en la vida de Emiliano, arranca la moto y se va ladera abajo. Haciendo penitencia.
Una vez se aseguró de que el cartero hubo desaparecido de su vista, una mujer, vestida con sus trapos, harapos y andrajos, sale de la casa, se dirige con decisión al buzón, introduce la mano y extrae un sobre inmaculadamente blanco. Y como venía haciendo todos los días laborables de los últimos veinte años, prendió fuego a la epístola diciendo - Cuanto más se conoce a los hombres, más se admira a los perros-.
lunes, 20 de abril de 2009
El viaje del 67
Viví mi novela de carretera en el 67. Me pulí el asfalto. Arranqué en Rhode Island y de costa a costa terminé en California, tomando el sol. Atravesé ese gran país con la ayuda de una armónica, un banjo, un Cadillac Calais y whisky, mucho whisky.
Aprendí a tratar con los jodidos yankees (soy europeo), a lamerles el culo, a compartir sus excentricidades y aprendí a amar al dólar. La guita es la guita.
Es obvio que transgredí un par de leyes en un par de estados. Sin ir más lejos en California, más concretamente en Blythe llevé botas de cowboy en público, sin poseer al menos dos vacas, requisito imprescindible para no pasarte la ley por el forro. En Devon, Connecticut, es ilegal andar hacia atrás tras la puesta del sol, obviamente, fue una tentación. Como deduciréis avispados lectores, me persiguió el sheriff de turno. Muy apasionante y americano.
Igualmente esclavicé a un par de miembros de color en una plantación de algodón, los muy desagradecidos se escaparon. Que si libertad, que si igualdad, que si algún día un presidente negro… En fin, perogrulladas.
También paré a comer en Kentucky Fried Chicken. Pollo de calidad.
Después, en un pueblo olvidado de la mano de no se qué resaca, me presentaron a un tal Bob Dylan. Un tanto efebo para mí gusto.
El estado más desconcertante, sin duda, Texas. Se parecía mucho a la España de aquel entonces, mucha misa pero nadie quería sentarse en la silla. Muy raro todo, ya no les dije nada de jugar a la sillita de la reina, allí son muy republicanos, nada de reyes.
Al final de mi viaje, antes de atracar en California, hice una leve parada en Aberdeen, ciudad del condado de Grays Harbor, Washington. Un chivatazo, se rumoreaba que había nacido el mesías underground, un tal Kurt Cobain. Le llevé incienso.
Al final, sólo me quedó clavada la espinita de no conocer ese lugar de vacaciones al que iban todos los americanos. Debía de ser un paraíso. Vietnam. Seguro que era bonito. Le había dado el impulso necesario un tal Eisenhower.
Un buen viaje.
D. Naion.
Aprendí a tratar con los jodidos yankees (soy europeo), a lamerles el culo, a compartir sus excentricidades y aprendí a amar al dólar. La guita es la guita.
Es obvio que transgredí un par de leyes en un par de estados. Sin ir más lejos en California, más concretamente en Blythe llevé botas de cowboy en público, sin poseer al menos dos vacas, requisito imprescindible para no pasarte la ley por el forro. En Devon, Connecticut, es ilegal andar hacia atrás tras la puesta del sol, obviamente, fue una tentación. Como deduciréis avispados lectores, me persiguió el sheriff de turno. Muy apasionante y americano.
Igualmente esclavicé a un par de miembros de color en una plantación de algodón, los muy desagradecidos se escaparon. Que si libertad, que si igualdad, que si algún día un presidente negro… En fin, perogrulladas.
También paré a comer en Kentucky Fried Chicken. Pollo de calidad.
Después, en un pueblo olvidado de la mano de no se qué resaca, me presentaron a un tal Bob Dylan. Un tanto efebo para mí gusto.
El estado más desconcertante, sin duda, Texas. Se parecía mucho a la España de aquel entonces, mucha misa pero nadie quería sentarse en la silla. Muy raro todo, ya no les dije nada de jugar a la sillita de la reina, allí son muy republicanos, nada de reyes.
Al final de mi viaje, antes de atracar en California, hice una leve parada en Aberdeen, ciudad del condado de Grays Harbor, Washington. Un chivatazo, se rumoreaba que había nacido el mesías underground, un tal Kurt Cobain. Le llevé incienso.
Al final, sólo me quedó clavada la espinita de no conocer ese lugar de vacaciones al que iban todos los americanos. Debía de ser un paraíso. Vietnam. Seguro que era bonito. Le había dado el impulso necesario un tal Eisenhower.
Un buen viaje.
D. Naion.
martes, 14 de abril de 2009
Las cuatro virtudes cardinales
No hay mejor virtud que la de callar cuando toca, saber escuchar, pensar antes de arremeter. No hay pues, mayor virtud que la prudencia vestida con sus mejores trajes. Una prudencia revestida de cautela, moderación y sensatez. Una prudencia que hace siempre gala del buen juicio. Es sin duda la mejor cualidad que uno puede poseer para su buen provecho, ni que decir tiene que si uno busca el bien de su prójimo, no hay mejor distintivo que el de persona justa.
Cualquier pagano grecolatino te diría que la prudencia es una de las cuatro virtudes cardinales que de la mano de la templanza, la justicia y la fortaleza conforman al hombre virtuoso por naturaleza y convencimiento.
Me presentaré a continuación como un hombre carente de las cuatro virtudes cardinales, no carente por completo, pero si en grado sumo.
Por lo general, no soy prudente ¿Por qué? Tengo tendencia a demostrar con excesiva gallardía mi insensatez, ligereza, osadía, temeridad e imprevisión. Es decir, acostumbro a permitir que los que están a mí alrededor sepan lo que estoy pensando.
La fortaleza brilla en mi persona, por su ausencia. No soy débil ni mucho menos, absténganse abusones. Pero sí blando, inconstante y enfermizo. Soy persona decrépita para el trabajo manual.
Templanza, templanza, templanza… Quizás la más ausente de todas estas virtudes. La calentura, el desenfreno, la violencia instantánea y efímera, así como la gula y mi hedonismo corporal hacen que la templanza se vea como una alergia de la cual ya se está vacunado de por vida.
Por último, tenemos la justicia ¡Cuántas maldades se han hecho en nombre de esta señora! Es la única virtud que ansío de verdad, la única que en los días donde en mí aflora la bondad, deseo alcanzar. Es la más subjetiva de todas, y a mi juicio es la única con la que se nace. Uno puede, con el tiempo hacerse más o menos justo, pero uno emanará justicia si nace con ella.
Mi nombre es Sr. Naion. Soy Presidente del Mundo ¿Para qué coño quiero ser un virtuoso?
Cualquier pagano grecolatino te diría que la prudencia es una de las cuatro virtudes cardinales que de la mano de la templanza, la justicia y la fortaleza conforman al hombre virtuoso por naturaleza y convencimiento.
Me presentaré a continuación como un hombre carente de las cuatro virtudes cardinales, no carente por completo, pero si en grado sumo.
Por lo general, no soy prudente ¿Por qué? Tengo tendencia a demostrar con excesiva gallardía mi insensatez, ligereza, osadía, temeridad e imprevisión. Es decir, acostumbro a permitir que los que están a mí alrededor sepan lo que estoy pensando.
La fortaleza brilla en mi persona, por su ausencia. No soy débil ni mucho menos, absténganse abusones. Pero sí blando, inconstante y enfermizo. Soy persona decrépita para el trabajo manual.
Templanza, templanza, templanza… Quizás la más ausente de todas estas virtudes. La calentura, el desenfreno, la violencia instantánea y efímera, así como la gula y mi hedonismo corporal hacen que la templanza se vea como una alergia de la cual ya se está vacunado de por vida.
Por último, tenemos la justicia ¡Cuántas maldades se han hecho en nombre de esta señora! Es la única virtud que ansío de verdad, la única que en los días donde en mí aflora la bondad, deseo alcanzar. Es la más subjetiva de todas, y a mi juicio es la única con la que se nace. Uno puede, con el tiempo hacerse más o menos justo, pero uno emanará justicia si nace con ella.
Mi nombre es Sr. Naion. Soy Presidente del Mundo ¿Para qué coño quiero ser un virtuoso?
lunes, 16 de marzo de 2009
La respuesta
Hablo de ese tren de vapor que nos ayudó a salir del diluvio. Locomotora triste llegas y ves las Siete torres. Hablas de levantarte y sonreír. Coges tu armónica, la tocas con el aire de la locomotora, un gran soplo carbonizado. Te detienes y miras al cielo, cantas, o gritas, o sabe Dios qué, Ha la la
No tengo la culpa de no ser del 60, de no recorrer con mis aires lozanos O’Connell Street, generación del 70.
Ciudad fantasma de Bodie, prefacio del regalo de Death Valley y Zabriskie Point, allí te encontré mi dulce cactus. Mi árbol de Joshua.
Desde las Siete Torres hasta Death Valley. Sólo suena Ha la la
Espero que te sirva de respuesta.
*Running to stand still.
lunes, 9 de marzo de 2009
El beso de papá
¿Nunca habéis tenido sueños realmente “imposibles”?
Yo sí. He soñado en cantidad de ocasiones ser una estrella de rock. Me he imaginado futbolista de élite, intelectual de postín adicto a fumar en pipa, me he visto como carpintero “manitas” ¡Cómo no! También he soñado con ser un poeta. He sustituido a Hiram Bingham en el descubrimiento de Machu Pichu en una versión bastante galaica y pueril de Indiana Jones (con Game Boy color y galletas de dinosaurio), incluso he ansiado ser un profesor a la altura de Robbie Williams en “Dead Poets Society” (escribo el nombre de esta película en inglés para dármelas de entendido en versiones originales. Aunque cabe decir que en mí, el inglés sigue manifestándose en forma de tedioso balbuceo. Incomprensible sin la ayuda de un traductor).
Muchas de estas cosas soñadas y anheladas desde que era un pequeño retoño con tendencia al egoísmo (rayano en la estupidez) se han ido desvaneciendo, no por completo, pero sí en gran medida. Otros de esos sueños se me antojan en el presente, en caso de alcanzarlos, como una cagada tremenda en el firmamento, otros ya los he olvidado y otros han venido a ocupar el lugar de éstos últimos ya difuntos.
Es así el camino de los sueños y ambiciones, tortuoso y revelador. Es un camino que recorro en un peregrinaje de penitente ingenuo, descubriendo a base de palos (no demasiado dolorosos) que me faltan cualidades para la mayoría de metas que me marco. Lamento admitir que suelo desistir y me planto a veces, en mitad del camino. No obstante me enorgullezco al decir que suelo retomarlo con renovada actitud, con dosis de realismo más fuertes que me alejan del derrotismo y el pesimismo más macilento del planeta tierra.
No pasa nada si uno es un “pringao”, de esos hay muchos, más de los que nos hacen ver los anuarios de los filmes americanos, hay más de un “pringao” por clase. El problema de los pringuis, es que como yo, muchos nos disfrazamos, hacemos de la vida un carnaval, es un mecanismo de autodefensa que nos protege de cualquier ataque (ya sea Pokemon o humano) a nuestra endeble y tácita autoestima.
Pensemos con la cabeza, tarea a mi juicio, harto difícil (más si tenemos en cuenta los apagones que sufre mi cerebro cuando se le sobrecarga con exceso de información) ser un individuo librepensador es muy complicado, estamos manipulados incluso por el papel higiénico (el que absorbe y huele a fresa es más elitista que el blanco de toda la vida, éste último es para gente que se identifica con el no tan extinto como se cree proletariado) ¿Cómo coño se supone que vamos a ser librepensadores sino podemos ni escoger con un mínimo de autodeterminación el papel higiénico? (Por cierto, mi culo es tan delicado que insiste en que se le llame trasero y en el uso de toallitas para bebés para lidiar con la irritación pos defección ¿Ves lector? Mi culo tiene autodeterminación).
Para mí el mundo actual, carece de romanticismo histórico para generaciones futuras, seamos sinceros, la vida contemporánea es muy cutre, mísera, mugrienta… Es una mierda. Siendo honestos, pero viene bien dramatizar de vez en cuando, tampoco está tan mal, al fin y al cabo tenemos acceso directo a material cultural las 24 horas del día (sin patente de corso en la mayoría de los casos).
No quiero afirmar, pero afirmo, que la sociedad actual (en la que me incluyo, por cuestiones de datación histórica) no aporta alicientes suficientes para promover movimientos y actividades más nobles, más trascendentes. Las generaciones pasadas nos dieron el rock. No sabe nadie cuán agradecido les estoy por ello. Nosotros (con todo los respetos) les dejamos como legado las rimas de gente que “vive calle” (que dice vivir calle). Que esto no se malinterprete, considero que el hip hop (RAP o RIP o SPQR o BNG o NBA) es arte, no en su mayoría pero sí en su escasa minoría. Pero ni de largo tan grande y pleno como el rock.
No soy un fulano inconformista, no soy un activista (ni de largo), no soy una mente crítica, no soy nada ni nadie. Pero alcanzo a ver toda la capa de musgo que nos cubre ¿Qué se supone que debo hacer? Nada.
Lo aquí expuesto, hasta el momento, son desvaríos varios de un contrariado personaje de la tragicomedia más larga (o corta) del mundo celestial y del cielo mundial, que es la (puta) vida.
Una marioneta, eso es lo que soy. Oh lector mío. Tú también eres una marioneta.
El otro día, recordé, no sin cierto recelo, un episodio tremendamente dramático de mi infancia (siendo objetivos no fue tan trágico, está sobrevalorado por mi sensibilidad pretérita) en el cual rechace una petición de mi padre, en la que tras una refriega, me pedía un beso y yo me negaba. No quería hacerlo, es decir, quería dárselo, pero mi orgullo me lo impedía. Nunca jamás (cerca de Neverland), por muchos besos que le de a mi viejo (este vocablo es para acercarme al mundo juvenil) a lo largo de mi vida de ningún modo recuperaré ese beso que no le di ¿A dónde quiero llegar con esto? A ningún lado, pero me apetecía contarlo, me vino a la cabeza y me dije “Vamos, suéltalo”. Ni que decir tiene, que tampoco soy impulsivo, tiendo a precipitarme a tomar decisiones erróneas, las correctas, no las tomo, las deciden por mí, bastante tengo con no haberle dado un beso a mi padre… Beso que se merecía.
Oh lector mío ¿Qué te mueve?
A mí los impulsos carnales. Te lo juro. Te lo prometo.
Estoy fuera de contexto. Soy al mundo, lo que una lágrima es al llanto de un bebé. Uno más. Insignificante. No obstante. Por muy aburrido que vea todo, por muy poca cosa que vaya a ser o (muy poco probable) por mucho que llegue a ser nunca dejaré de ser un elemento fútil al mundo (¿Cuántos hombres habrán hecho historia en la Antigüedad y no aparecen en ninguno de los múltiples anales del Salón de Clío?). Lo que se dice en los entierros es cierto -“No somos nadie”- y más claro lo ve uno en los días de nubes. Solo hay lugar a la resignación. Resignación a lo que nos espera, no a lo que hay, que por cierto ¡Apesta!
Mucha mierda.
Yo sí. He soñado en cantidad de ocasiones ser una estrella de rock. Me he imaginado futbolista de élite, intelectual de postín adicto a fumar en pipa, me he visto como carpintero “manitas” ¡Cómo no! También he soñado con ser un poeta. He sustituido a Hiram Bingham en el descubrimiento de Machu Pichu en una versión bastante galaica y pueril de Indiana Jones (con Game Boy color y galletas de dinosaurio), incluso he ansiado ser un profesor a la altura de Robbie Williams en “Dead Poets Society” (escribo el nombre de esta película en inglés para dármelas de entendido en versiones originales. Aunque cabe decir que en mí, el inglés sigue manifestándose en forma de tedioso balbuceo. Incomprensible sin la ayuda de un traductor).
Muchas de estas cosas soñadas y anheladas desde que era un pequeño retoño con tendencia al egoísmo (rayano en la estupidez) se han ido desvaneciendo, no por completo, pero sí en gran medida. Otros de esos sueños se me antojan en el presente, en caso de alcanzarlos, como una cagada tremenda en el firmamento, otros ya los he olvidado y otros han venido a ocupar el lugar de éstos últimos ya difuntos.
Es así el camino de los sueños y ambiciones, tortuoso y revelador. Es un camino que recorro en un peregrinaje de penitente ingenuo, descubriendo a base de palos (no demasiado dolorosos) que me faltan cualidades para la mayoría de metas que me marco. Lamento admitir que suelo desistir y me planto a veces, en mitad del camino. No obstante me enorgullezco al decir que suelo retomarlo con renovada actitud, con dosis de realismo más fuertes que me alejan del derrotismo y el pesimismo más macilento del planeta tierra.
No pasa nada si uno es un “pringao”, de esos hay muchos, más de los que nos hacen ver los anuarios de los filmes americanos, hay más de un “pringao” por clase. El problema de los pringuis, es que como yo, muchos nos disfrazamos, hacemos de la vida un carnaval, es un mecanismo de autodefensa que nos protege de cualquier ataque (ya sea Pokemon o humano) a nuestra endeble y tácita autoestima.
Pensemos con la cabeza, tarea a mi juicio, harto difícil (más si tenemos en cuenta los apagones que sufre mi cerebro cuando se le sobrecarga con exceso de información) ser un individuo librepensador es muy complicado, estamos manipulados incluso por el papel higiénico (el que absorbe y huele a fresa es más elitista que el blanco de toda la vida, éste último es para gente que se identifica con el no tan extinto como se cree proletariado) ¿Cómo coño se supone que vamos a ser librepensadores sino podemos ni escoger con un mínimo de autodeterminación el papel higiénico? (Por cierto, mi culo es tan delicado que insiste en que se le llame trasero y en el uso de toallitas para bebés para lidiar con la irritación pos defección ¿Ves lector? Mi culo tiene autodeterminación).
Para mí el mundo actual, carece de romanticismo histórico para generaciones futuras, seamos sinceros, la vida contemporánea es muy cutre, mísera, mugrienta… Es una mierda. Siendo honestos, pero viene bien dramatizar de vez en cuando, tampoco está tan mal, al fin y al cabo tenemos acceso directo a material cultural las 24 horas del día (sin patente de corso en la mayoría de los casos).
No quiero afirmar, pero afirmo, que la sociedad actual (en la que me incluyo, por cuestiones de datación histórica) no aporta alicientes suficientes para promover movimientos y actividades más nobles, más trascendentes. Las generaciones pasadas nos dieron el rock. No sabe nadie cuán agradecido les estoy por ello. Nosotros (con todo los respetos) les dejamos como legado las rimas de gente que “vive calle” (que dice vivir calle). Que esto no se malinterprete, considero que el hip hop (RAP o RIP o SPQR o BNG o NBA) es arte, no en su mayoría pero sí en su escasa minoría. Pero ni de largo tan grande y pleno como el rock.
No soy un fulano inconformista, no soy un activista (ni de largo), no soy una mente crítica, no soy nada ni nadie. Pero alcanzo a ver toda la capa de musgo que nos cubre ¿Qué se supone que debo hacer? Nada.
Lo aquí expuesto, hasta el momento, son desvaríos varios de un contrariado personaje de la tragicomedia más larga (o corta) del mundo celestial y del cielo mundial, que es la (puta) vida.
Una marioneta, eso es lo que soy. Oh lector mío. Tú también eres una marioneta.
El otro día, recordé, no sin cierto recelo, un episodio tremendamente dramático de mi infancia (siendo objetivos no fue tan trágico, está sobrevalorado por mi sensibilidad pretérita) en el cual rechace una petición de mi padre, en la que tras una refriega, me pedía un beso y yo me negaba. No quería hacerlo, es decir, quería dárselo, pero mi orgullo me lo impedía. Nunca jamás (cerca de Neverland), por muchos besos que le de a mi viejo (este vocablo es para acercarme al mundo juvenil) a lo largo de mi vida de ningún modo recuperaré ese beso que no le di ¿A dónde quiero llegar con esto? A ningún lado, pero me apetecía contarlo, me vino a la cabeza y me dije “Vamos, suéltalo”. Ni que decir tiene, que tampoco soy impulsivo, tiendo a precipitarme a tomar decisiones erróneas, las correctas, no las tomo, las deciden por mí, bastante tengo con no haberle dado un beso a mi padre… Beso que se merecía.
Oh lector mío ¿Qué te mueve?
A mí los impulsos carnales. Te lo juro. Te lo prometo.
Estoy fuera de contexto. Soy al mundo, lo que una lágrima es al llanto de un bebé. Uno más. Insignificante. No obstante. Por muy aburrido que vea todo, por muy poca cosa que vaya a ser o (muy poco probable) por mucho que llegue a ser nunca dejaré de ser un elemento fútil al mundo (¿Cuántos hombres habrán hecho historia en la Antigüedad y no aparecen en ninguno de los múltiples anales del Salón de Clío?). Lo que se dice en los entierros es cierto -“No somos nadie”- y más claro lo ve uno en los días de nubes. Solo hay lugar a la resignación. Resignación a lo que nos espera, no a lo que hay, que por cierto ¡Apesta!
Mucha mierda.
sábado, 31 de enero de 2009
Anónimo
Una suave brisa le acaricia la cara. Tiene el pelo erizado por el céfiro salado del mar. Da dos pasos al frente y se pone de cuclillas, estira el brazo, extienda el dedo índice y el corazón para palpar el suelo, la humedad de la hierba inunda su tacto, se lleva los dedos a la nariz e inspira con profundidad. Huele a hierba húmeda, huela a verde, huele igual que cualquier otro campo de hierba húmedo. Se levanta de nuevo y con los brazos en jarra, como una estatua de bronce, en es estado de parálisis observa el horizonte.
Una mano se posa en su hombro. Él no se alarma, esperaba esa visita, no le pilló de improviso ese toque a pesar de lo absorto que estaba en otro tiempo y en otra dimensión. Se da la vuelta. Se miran fijamente a los ojos y se funden en un abrazo predeterminado por las circunstancias.
Para una mayor facilidad y comprensión del que lee estas líneas, pondremos al sujeto que inicial el nombre de Pip (para variar) y al individuo que llega a posteriori le llamaremos Anónimo. Una vez hecho este inciso proseguimos con este humilde relato.
Ambos se separan, sonríen, y progresivamente y sin saber por qué se echan a reír a carcajadas. Una vez pasada la euforia, establecen una conversación, una como cualquier otra conversación existente en el mundo mundial.
- ¡Cuánto cambiaste cabronazo!
Anónimo suelta una fuerte carcajada, abre tanto la boca que Pip le hasta la “campanilla”.
- Me temo que no puedo decir lo mismo. Pasaron doce años y sigues igual.
- Sigo parecido, que no igual. Si no se me pudre la carrocería se me pudre el motor, al fin y al cabo es lo mismo.
- Pero lo disimulas mejor. Te adelantaste, habíamos quedado dentro de una hora, yo que quería venir antes y estar un rato por aquí paseando.
- Curioso, porque yo pensé lo mismo. De hecho aquí estoy.
- Ya veo ya ¿Qué tal en Galway?
- No es estar como en casa, pero después de doce años, pierdes la noción de lo que es tu hogar. Yo no soy de allí ni de aquí. Es una situación extraña.
- Tío. En doce años ni una visita, doce años sin verte macho ¿Por qué no venías Pip?
- El pasado nunca se borra, pero a veces huyendo queda un poco más atrás, quizá no fue la decisión más valiente ni la más correcta pero fue la que necesité durante estos doce años, fue la mejor solución para aquella pesadilla.
Anónimo ve en Pip el atisbo de emoción en sus ojos, se le enrojecieron. Anónimo no quiere hacerle daño pero una especie de rabia le carcome por dentro, quiere echarle en cara su ausencia, su cobardía.
- No pasaste tú solo por aquello Pip. No fuiste tú solo, éramos más. No lo olvides. Todos estábamos allí, nadie pudo hacer nada.
- No me jodas. En serio, no me jodas.
- Sí, rehúye. Márchate otros doce años, escoge el camino más fácil. Te repito que no fuiste tú solo, éramos más.
- No me compares. No hay color.
- ¿Por qué no hay color? No solo murió tu hermano y tus padres, no solo murieron ellos, murió mi padre, murió la mujer de Juan, murieron los hijos de Pedro, murió mucha gente, fue una guerra, que esperabas.
Pip se estaba acalorando, se estaba poniendo rojo, cerraba los puños con furia y desde el más profundo de los pozos sin fondo salió un chorro de voz encolerizado diciendo una frase que no dijo en doce años, la frase que le quemaba el alma.
- Yo maté a mi hermano. Yo lo maté.
- Por Dios Pip, por Dios. Él te iba a matar a ti. No tenías elección. Escogió el mando equivocado. No puedes pasar toda la vida torturándote por eso.
Anónimo se acercó a Pip. Extendió sus brazos y lo enlazó. Pip se rompió, y con una voz desgarrada, lloraba y decía.
- Mi hermanito no me mataba, él no. Si hubiese esperado, tan sólo un poco más, estaba nervioso pero no me iba a matar, solo estaba nervioso. Mi hermanito…Él me quería…Era mi hermano, por el amor de Dios, era mi hermanito pequeño, debía protegerlo y no matarlo.
- No digas eso Pip, no lo digas.
- Lo siento tanto, tanto, tanto… Debería haber muerto yo…
- Pip sabes que no, hiciste lo único que podías hacer.
Pip se separó de él. Y dijo con el dolor más inconmensurable del universo:
- Adiós, me voy pero algo más de 12 años.
Pip se agachó, volvió a acariciar el suelo, olió la humedad de la hierba. Y sin previo aviso se dejó caer por el acantilado abajo. Anónimo gritó con todo su corazón pero no podía hacer nada, tan sólo resignarse a ver una de las más crueles y bellas imágenes de su vida, la fusión entre el hombre y las olas, entre la vida y la muerte. Se dejó caer en el suelo, se tapó la cara y maldijo en voz alta al pasado bélico de sus almas. Ni la muerte borra el rastro de la guerra, el olor es demasiado fétido.
Una mano se posa en su hombro. Él no se alarma, esperaba esa visita, no le pilló de improviso ese toque a pesar de lo absorto que estaba en otro tiempo y en otra dimensión. Se da la vuelta. Se miran fijamente a los ojos y se funden en un abrazo predeterminado por las circunstancias.
Para una mayor facilidad y comprensión del que lee estas líneas, pondremos al sujeto que inicial el nombre de Pip (para variar) y al individuo que llega a posteriori le llamaremos Anónimo. Una vez hecho este inciso proseguimos con este humilde relato.
Ambos se separan, sonríen, y progresivamente y sin saber por qué se echan a reír a carcajadas. Una vez pasada la euforia, establecen una conversación, una como cualquier otra conversación existente en el mundo mundial.
- ¡Cuánto cambiaste cabronazo!
Anónimo suelta una fuerte carcajada, abre tanto la boca que Pip le hasta la “campanilla”.
- Me temo que no puedo decir lo mismo. Pasaron doce años y sigues igual.
- Sigo parecido, que no igual. Si no se me pudre la carrocería se me pudre el motor, al fin y al cabo es lo mismo.
- Pero lo disimulas mejor. Te adelantaste, habíamos quedado dentro de una hora, yo que quería venir antes y estar un rato por aquí paseando.
- Curioso, porque yo pensé lo mismo. De hecho aquí estoy.
- Ya veo ya ¿Qué tal en Galway?
- No es estar como en casa, pero después de doce años, pierdes la noción de lo que es tu hogar. Yo no soy de allí ni de aquí. Es una situación extraña.
- Tío. En doce años ni una visita, doce años sin verte macho ¿Por qué no venías Pip?
- El pasado nunca se borra, pero a veces huyendo queda un poco más atrás, quizá no fue la decisión más valiente ni la más correcta pero fue la que necesité durante estos doce años, fue la mejor solución para aquella pesadilla.
Anónimo ve en Pip el atisbo de emoción en sus ojos, se le enrojecieron. Anónimo no quiere hacerle daño pero una especie de rabia le carcome por dentro, quiere echarle en cara su ausencia, su cobardía.
- No pasaste tú solo por aquello Pip. No fuiste tú solo, éramos más. No lo olvides. Todos estábamos allí, nadie pudo hacer nada.
- No me jodas. En serio, no me jodas.
- Sí, rehúye. Márchate otros doce años, escoge el camino más fácil. Te repito que no fuiste tú solo, éramos más.
- No me compares. No hay color.
- ¿Por qué no hay color? No solo murió tu hermano y tus padres, no solo murieron ellos, murió mi padre, murió la mujer de Juan, murieron los hijos de Pedro, murió mucha gente, fue una guerra, que esperabas.
Pip se estaba acalorando, se estaba poniendo rojo, cerraba los puños con furia y desde el más profundo de los pozos sin fondo salió un chorro de voz encolerizado diciendo una frase que no dijo en doce años, la frase que le quemaba el alma.
- Yo maté a mi hermano. Yo lo maté.
- Por Dios Pip, por Dios. Él te iba a matar a ti. No tenías elección. Escogió el mando equivocado. No puedes pasar toda la vida torturándote por eso.
Anónimo se acercó a Pip. Extendió sus brazos y lo enlazó. Pip se rompió, y con una voz desgarrada, lloraba y decía.
- Mi hermanito no me mataba, él no. Si hubiese esperado, tan sólo un poco más, estaba nervioso pero no me iba a matar, solo estaba nervioso. Mi hermanito…Él me quería…Era mi hermano, por el amor de Dios, era mi hermanito pequeño, debía protegerlo y no matarlo.
- No digas eso Pip, no lo digas.
- Lo siento tanto, tanto, tanto… Debería haber muerto yo…
- Pip sabes que no, hiciste lo único que podías hacer.
Pip se separó de él. Y dijo con el dolor más inconmensurable del universo:
- Adiós, me voy pero algo más de 12 años.
Pip se agachó, volvió a acariciar el suelo, olió la humedad de la hierba. Y sin previo aviso se dejó caer por el acantilado abajo. Anónimo gritó con todo su corazón pero no podía hacer nada, tan sólo resignarse a ver una de las más crueles y bellas imágenes de su vida, la fusión entre el hombre y las olas, entre la vida y la muerte. Se dejó caer en el suelo, se tapó la cara y maldijo en voz alta al pasado bélico de sus almas. Ni la muerte borra el rastro de la guerra, el olor es demasiado fétido.
miércoles, 7 de enero de 2009
Vaquero
Vaquero cabalga con tu soledad hasta el amanecer. Cabalga en solitario vaquero del oeste. El desierto se hace estrecho cuando lo surca un cowboy a lomos de su corcel. A trote lento atraviesas el universo lleno de polvo. A la luz del sol, mascando tabaco y escupiendo flema americana en el suelo de Arizona. Único en tu especie, sabes cuando sales pero no cuando vuelves. Vaquero dejaste tu rancho abandonado. Carga tu revolver chico del oeste. Matas búfalos, buscas oro, añoras la fortuna, diriges ganado y te bates en duelos a los 12 junto a la torre del reloj. Mi vaquero ¿Donde estás? Tú que dominas el arte del lazo. Vaquero…
sábado, 3 de enero de 2009
O vello
Na torre máis alta do castelo hai dous homes que falan cas estrelas. Crúzanse unha mirada, soríen e volven a vista ao ceo. O máis vello dillo ao outro:
- Non é o tempo pasado nin o seu cariz remoto. Non é a paixón exercida polo paso do tempo, non é tampouco que eu esqueza nin que olvide. Sonche da aldea. Sonche do monte ou de trasmonte, igual non teño tanta vida coma ti nin sei falar coas túas verbas mais coñezo ben o latexo do corazón. Non creo que sexa morriña do pretérito. Nin se quera penso que sexa o amor. Non teño claro o qué. Só sei que o outro día, votei a chorar rapaz. Chorei coma un meniño. Farteime de recoller bágoas ca xema dos meus dedos. Ao principio pensei que cansara de vivir, crin que morría afogado nos meus choros, de certo que pensei que me devoraba a angustia. Parei de chorar, e sentín no meu interior o clamor de cen mil persoas berrando por min, pedíndome de xeonllos que non rendise pleitesía á morte, que non fose víctima do meu pasado. Viñeronme os meus ancentros á mente, fixéronme unha visita de cortesía na que me empuxaban a ver con claridade o futuro que todavía me agardaba por diante. E é sabido que o galego prefire o malo coñecido que o bo por coñecer, así que a miña decisión tornouse bastante fácil.
Deus levoume a moita xente de Noso Señor. Deixoume fastidado máis dunha vez. Estiven a piques de morrer da pena pola teima que ten ese Bendito Espírito de levarse a todo o que se lle da por nacer, que egoísta é. Non o entendes meu fillo. Cómo o vas a entender. Levoume o amor da miña vida cando tiña 23 anos. Aínda choro con 73. Por iso morría o outro día ¿Cómo dis que se supera iso? Nin con medio século por diante.
O vello deixou correr pola súa faciana un regueiro de paixón. Unha bágoa á esperanza.
- Non chore meu pai. Hai mil vidas que lle quedan por vivir. Mil amores por coñecer e un fillo ao que querer. Non me amole e non se poña a chorar. Míreme aos ollos e díagme que non está orgulloso co que lle deparou a vida, dígamo porque aínda así non lle creerei. Deme unha aperta e deixe de por os seus ollos no que xa pasou, do que xa está morto. Viva a miña vida se é necesario porque non dubidarei en outorgarlla. Vello do demo, cale e soría. O mundo é pequeno de máis para vostede.
- Non é o tempo pasado nin o seu cariz remoto. Non é a paixón exercida polo paso do tempo, non é tampouco que eu esqueza nin que olvide. Sonche da aldea. Sonche do monte ou de trasmonte, igual non teño tanta vida coma ti nin sei falar coas túas verbas mais coñezo ben o latexo do corazón. Non creo que sexa morriña do pretérito. Nin se quera penso que sexa o amor. Non teño claro o qué. Só sei que o outro día, votei a chorar rapaz. Chorei coma un meniño. Farteime de recoller bágoas ca xema dos meus dedos. Ao principio pensei que cansara de vivir, crin que morría afogado nos meus choros, de certo que pensei que me devoraba a angustia. Parei de chorar, e sentín no meu interior o clamor de cen mil persoas berrando por min, pedíndome de xeonllos que non rendise pleitesía á morte, que non fose víctima do meu pasado. Viñeronme os meus ancentros á mente, fixéronme unha visita de cortesía na que me empuxaban a ver con claridade o futuro que todavía me agardaba por diante. E é sabido que o galego prefire o malo coñecido que o bo por coñecer, así que a miña decisión tornouse bastante fácil.
Deus levoume a moita xente de Noso Señor. Deixoume fastidado máis dunha vez. Estiven a piques de morrer da pena pola teima que ten ese Bendito Espírito de levarse a todo o que se lle da por nacer, que egoísta é. Non o entendes meu fillo. Cómo o vas a entender. Levoume o amor da miña vida cando tiña 23 anos. Aínda choro con 73. Por iso morría o outro día ¿Cómo dis que se supera iso? Nin con medio século por diante.
O vello deixou correr pola súa faciana un regueiro de paixón. Unha bágoa á esperanza.
- Non chore meu pai. Hai mil vidas que lle quedan por vivir. Mil amores por coñecer e un fillo ao que querer. Non me amole e non se poña a chorar. Míreme aos ollos e díagme que non está orgulloso co que lle deparou a vida, dígamo porque aínda así non lle creerei. Deme unha aperta e deixe de por os seus ollos no que xa pasou, do que xa está morto. Viva a miña vida se é necesario porque non dubidarei en outorgarlla. Vello do demo, cale e soría. O mundo é pequeno de máis para vostede.
martes, 30 de diciembre de 2008
Por las dudas.
Pip está en su habitación, iluminado bajo la luz del flexo. Lleva varias horas lidiando con el insomnio. Una pesada carga atormenta su conciencia. No sabe como debe actuar, no sabe como debe proceder. Se siente abochornado, traicionado y humillado. Tiene el cuerpo cubierto de rabia.
Desesperado se frota los ojos con las yemas de los dedos. Mucha gente se lo tenía advertido. Todo el mundo en esencia y a grandes rasgos aconsejaba lo mismo, todo el mundo lo hace… Nadie confía en los demás, al menos no demasiado, al menos no en todo el mundo. Su madre siempre le decía “piensa mal y acertarás.” Pip siempre se había mostrado reacio a este tipo de pensamiento. Confiaba siempre en todos los que fuesen dignos de tal merecimiento, no sospechaba de aquellos a los que consideraba amigos y jamás esperaba una puñalada por la espalda de los que consideraba sus seres queridos. Con el tiempo fue encontrando excepciones que confirmaban su regla. Pero llega un punto en el que él cree que quizás deba replantearse ciertos dogmas de vida. Él no quiere, pero da la impresión de que le obligan.
Se levanta de la silla, se estira víctima de un bostezo, sale de la habitación, atraviesa el pasillo y entra en la segunda puerta a la derecha para abrir la nevera de la cocina y beber un trago. Se sirve un vaso de ron y toma asiento. Mientras saborea y disfruta del calor de la bebida sigue dándole vueltas a lo suyo.
Siempre había olvidado las “traiciones” cuando se habían dignado a pedirle perdón, ni tan siqueira eso, tan sólo con que mostrasen arrepentimiento Pip había vuelto a depositar su confianza en la otra persona. Lo hacía porque pensaba y piensa que nadie es perfecto y que cualquier día él podía cometer el mismo error y desearía ser perdonado.
Nunca fue de los de si le dan una patada contestar con un puñetazo, al contrario, si le daban el ponía la otra mejilla ¿Debería replantearse eso también? ¿Dónde queda el arrepentimiento? ¿Dónde queda el respecto?
Pip no se consideraba ni se considera una buena persona al uso, para nada, se considera cabroncete y excesivamente vacilón. Seamos sinceros se ve como un pequeño hijoputa pero de los que tienen principios. Sí también hay de esos. Cree en la confianza.
Quizás con los que no son los suyos no se porta del todo bien, al menos no todo lo que debería. Cierto que siempre se puede dar más, pero Pip cree, y los que realmente le conocen (realmente pocos) también lo creen así, que por un amigo, un hermano, por su alma gemela el da los pantalones y la vida si hace falta.
¿Realmente hay alguien, al margen de los que se ven obligados por sangre o corazón, qué sienta esto por mí? ¿Es justo tener estas dudas?
Pip coge su abrigo más gordo, se lía la bufanda al cuello, con el mayor sigilo y sin dar un paso después de otro hasta asegurarse que no se produciría ningún ruido avanza por el pasillo hasta la puerta de la entrada del piso, coge un juego de llaves y sale a la intemperie en la fría noche para refrescar las ideas.
A merced de la helada nocturna Pip rompe en un estado de ira y paga sus penas con la verja de una pista de fútbol. Le propina golpes secos y metálicos. Siente su corazón latir a mil por hora y la respiración se le acelera,. Para por el malestar que le empieza a causar el aire frío en su garganta.
Pip piensa que ellos no saben lo que han hecho, le están haciendo reestructurar sus principios más básicos, esos que adquirió con los consejos de su padre, esos que mamó de sus actos, esos que vio en las películas, que leyó en los libros, esos con los que un día, cuando ciertamente estaba solo, soñó con poder compartir.
¿Debo volver a confiar en todos, o debo sólo confiar en aquellos que no me han fallado? ¿Qué hago?
Muchas veces Pip, se reconoce, se ve a sí mismo, sabe quien es, pero en días como los de hoy no sabe quien es, duda de todo ¡Y cómo duda!
Lleva medio año con la duda. Una parte de él le exige mantenerse fiel a una de sus esencias (quizás la única) más noble. La otra le pide y reclama un cambio radical…
Desesperado se frota los ojos con las yemas de los dedos. Mucha gente se lo tenía advertido. Todo el mundo en esencia y a grandes rasgos aconsejaba lo mismo, todo el mundo lo hace… Nadie confía en los demás, al menos no demasiado, al menos no en todo el mundo. Su madre siempre le decía “piensa mal y acertarás.” Pip siempre se había mostrado reacio a este tipo de pensamiento. Confiaba siempre en todos los que fuesen dignos de tal merecimiento, no sospechaba de aquellos a los que consideraba amigos y jamás esperaba una puñalada por la espalda de los que consideraba sus seres queridos. Con el tiempo fue encontrando excepciones que confirmaban su regla. Pero llega un punto en el que él cree que quizás deba replantearse ciertos dogmas de vida. Él no quiere, pero da la impresión de que le obligan.
Se levanta de la silla, se estira víctima de un bostezo, sale de la habitación, atraviesa el pasillo y entra en la segunda puerta a la derecha para abrir la nevera de la cocina y beber un trago. Se sirve un vaso de ron y toma asiento. Mientras saborea y disfruta del calor de la bebida sigue dándole vueltas a lo suyo.
Siempre había olvidado las “traiciones” cuando se habían dignado a pedirle perdón, ni tan siqueira eso, tan sólo con que mostrasen arrepentimiento Pip había vuelto a depositar su confianza en la otra persona. Lo hacía porque pensaba y piensa que nadie es perfecto y que cualquier día él podía cometer el mismo error y desearía ser perdonado.
Nunca fue de los de si le dan una patada contestar con un puñetazo, al contrario, si le daban el ponía la otra mejilla ¿Debería replantearse eso también? ¿Dónde queda el arrepentimiento? ¿Dónde queda el respecto?
Pip no se consideraba ni se considera una buena persona al uso, para nada, se considera cabroncete y excesivamente vacilón. Seamos sinceros se ve como un pequeño hijoputa pero de los que tienen principios. Sí también hay de esos. Cree en la confianza.
Quizás con los que no son los suyos no se porta del todo bien, al menos no todo lo que debería. Cierto que siempre se puede dar más, pero Pip cree, y los que realmente le conocen (realmente pocos) también lo creen así, que por un amigo, un hermano, por su alma gemela el da los pantalones y la vida si hace falta.
¿Realmente hay alguien, al margen de los que se ven obligados por sangre o corazón, qué sienta esto por mí? ¿Es justo tener estas dudas?
Pip coge su abrigo más gordo, se lía la bufanda al cuello, con el mayor sigilo y sin dar un paso después de otro hasta asegurarse que no se produciría ningún ruido avanza por el pasillo hasta la puerta de la entrada del piso, coge un juego de llaves y sale a la intemperie en la fría noche para refrescar las ideas.
A merced de la helada nocturna Pip rompe en un estado de ira y paga sus penas con la verja de una pista de fútbol. Le propina golpes secos y metálicos. Siente su corazón latir a mil por hora y la respiración se le acelera,. Para por el malestar que le empieza a causar el aire frío en su garganta.
Pip piensa que ellos no saben lo que han hecho, le están haciendo reestructurar sus principios más básicos, esos que adquirió con los consejos de su padre, esos que mamó de sus actos, esos que vio en las películas, que leyó en los libros, esos con los que un día, cuando ciertamente estaba solo, soñó con poder compartir.
¿Debo volver a confiar en todos, o debo sólo confiar en aquellos que no me han fallado? ¿Qué hago?
Muchas veces Pip, se reconoce, se ve a sí mismo, sabe quien es, pero en días como los de hoy no sabe quien es, duda de todo ¡Y cómo duda!
Lleva medio año con la duda. Una parte de él le exige mantenerse fiel a una de sus esencias (quizás la única) más noble. La otra le pide y reclama un cambio radical…
sábado, 27 de diciembre de 2008
Fidelidad
- Le debo mi fidelidad.
- ¿Tú fidelidad?
- Si.
- ¿Qué quiere decir eso?
- Ha sido noble conmigo y siempre me ha profesado un cariño desmesurado para lo que merezco. ¡Qué menos que fidelidad!
- ¡Qué más dará eso! Aprovéchate de las circunstancias y huye. No vas a tener otra oportunidad similar. A él lo han cogido. No hay más opciones para los que le apoyáis. Os ha llegado la hora. Te aconsejo como marido de mi hermana que eres, lo hago por ella. Me estoy jugando el tipo diciéndote estas cosas.
- Te lo agradezco, pero hay cosas más importantes que el bienestar personal. Hay cosas realmente importantes ahí fuera. No puedo desaparecer sin más. Tengo conciencia y tu hermana está de acuerdo conmigo.
- ¡Vamos por Dios! Te han traicionado, a ti y a él. Deberías reconsiderar tu posición como han hecho muchos de los vuestros.
- Eso es cobardía y lo sabes. No puedo abandonar ni quiero. No es valentía, ni orgullo, ni siquiera es por un bien mayor. Simplemente es lo correcto. Son demasiadas cabezas las que han rodado en vano como para hacer caso omiso al grito de los desdichados.
- No sabes la verdad Pip. No la sabes, al menos no toda. Te han manipulado, sé inteligente y parte.
- ¿Qué no entiendes? Le seré fiel hasta el fin de mis días.
-------------------------------------------------…---------------------------------
- Querido Pip. Tengo una misión que encomendarte.
- Lo que usted guste Señor.
- Joven muchacho, quiero que me sustituyas. Quiero que ocupes mi lugar.
- Oh Señor… Yo… No creo. En fin, no soy para nada un genio como usted. Lo siento, pero creo que hay personas mejor preparadas que yo y que seguramente merezcan tal honor. Nunca pensé que diría esto pero creo que este es un error por mi parte.
- Pip, mi hundimiento se acerca. Dos de los nuestros me van a traicionar, sino lo han hecho ya. Debo dejar todo organizado para mi caída. No sería modesto por mi parte achacarme toda la culpa de este descalabro pero sí es cierto que gran parte de este desaguisado corre a mi cargo. Para arreglarlo necesito tú ayuda. Eres el más valiente de todas las personas que conozco, y sin duda el más fiel a mi cargo. Y lo más importante de todo, hace ya mucho tiempo que he descubierto que eres la mejor persona de los dos. Ahora no digas nada más, levántate y ve con tu familia, ellos te necesitan más que yo. No tienes que responderme hoy. Piénsalo. Feliz Navidad Pip.
- Feliz Navidad mi Señor. Y tenga usted ya su respuesta. Si considera que lo mejor es que yo esté al cargo en su ausencia, así se hará. Siempre fiel a su persona.
- Me conmueves Pip.
- Feliz Navidad Señor.
- ¿Tú fidelidad?
- Si.
- ¿Qué quiere decir eso?
- Ha sido noble conmigo y siempre me ha profesado un cariño desmesurado para lo que merezco. ¡Qué menos que fidelidad!
- ¡Qué más dará eso! Aprovéchate de las circunstancias y huye. No vas a tener otra oportunidad similar. A él lo han cogido. No hay más opciones para los que le apoyáis. Os ha llegado la hora. Te aconsejo como marido de mi hermana que eres, lo hago por ella. Me estoy jugando el tipo diciéndote estas cosas.
- Te lo agradezco, pero hay cosas más importantes que el bienestar personal. Hay cosas realmente importantes ahí fuera. No puedo desaparecer sin más. Tengo conciencia y tu hermana está de acuerdo conmigo.
- ¡Vamos por Dios! Te han traicionado, a ti y a él. Deberías reconsiderar tu posición como han hecho muchos de los vuestros.
- Eso es cobardía y lo sabes. No puedo abandonar ni quiero. No es valentía, ni orgullo, ni siquiera es por un bien mayor. Simplemente es lo correcto. Son demasiadas cabezas las que han rodado en vano como para hacer caso omiso al grito de los desdichados.
- No sabes la verdad Pip. No la sabes, al menos no toda. Te han manipulado, sé inteligente y parte.
- ¿Qué no entiendes? Le seré fiel hasta el fin de mis días.
-------------------------------------------------…---------------------------------
- Querido Pip. Tengo una misión que encomendarte.
- Lo que usted guste Señor.
- Joven muchacho, quiero que me sustituyas. Quiero que ocupes mi lugar.
- Oh Señor… Yo… No creo. En fin, no soy para nada un genio como usted. Lo siento, pero creo que hay personas mejor preparadas que yo y que seguramente merezcan tal honor. Nunca pensé que diría esto pero creo que este es un error por mi parte.
- Pip, mi hundimiento se acerca. Dos de los nuestros me van a traicionar, sino lo han hecho ya. Debo dejar todo organizado para mi caída. No sería modesto por mi parte achacarme toda la culpa de este descalabro pero sí es cierto que gran parte de este desaguisado corre a mi cargo. Para arreglarlo necesito tú ayuda. Eres el más valiente de todas las personas que conozco, y sin duda el más fiel a mi cargo. Y lo más importante de todo, hace ya mucho tiempo que he descubierto que eres la mejor persona de los dos. Ahora no digas nada más, levántate y ve con tu familia, ellos te necesitan más que yo. No tienes que responderme hoy. Piénsalo. Feliz Navidad Pip.
- Feliz Navidad mi Señor. Y tenga usted ya su respuesta. Si considera que lo mejor es que yo esté al cargo en su ausencia, así se hará. Siempre fiel a su persona.
- Me conmueves Pip.
- Feliz Navidad Señor.
domingo, 21 de diciembre de 2008
Recuerdo peligroso
Te recordaré. Te recordaré sobre toda adversidad. Nadie olvidará tu pérdida. Te recordaré sobre cualquier cosa, sobre todos los mares y océanos. Te recordaré en tu cielo. Jamás olvidaré esas sonrisas al amanecer de nuevos días con nuevas sorpresas. Te recordaré en mis lágrimas en la agonía. Te llamaré al teléfono del destierro y sentenciaremos palabras de despedida a este asqueroso mundo. Prometo quedarme con tus abrazos paternales. Añoraré tus enfados y caprichos. Te echaré de menos.
Así como no olvidaré ninguna de las cosas con anterioridad citadas, prometo con odio y clamando venganza, que tampoco olvidaré a esos cobardes hijos de puta que han osado apartarte de nuestro lado. Si no existe el infierno, no os preocupéis crearé uno a vuestra imagen y semejanza. No voy a respirar hasta que no consiga dar caza a vuestros rostros sin alma, no dormiré hasta que vuestras cabezas rueden. Juro no descansar hasta veros perecer bajo mis manos. No me importa rebajarme a vuestro registro bélico. Hablando mal y rápido, me la suda mancharme las manos con vuestra fétida sangre porque súbdito soy del clamor de la venganza, latente en el grupo humano que os repudia. Pongo a mi Señor por testigo cuando digo que mi persecución será en esta vida y en la otra. Nunca descansareis en paz malnacidos. Seré la pesadilla de la que nunca podréis despertar. Veréis la diferencia entre matar por unas ideas y matar por odio, por el arrebatamiento de quien se ama. Poned pies en polvorosa porque no se os tiene miedo.
Llamo a la guerra a todos aquellos dispuestos a inmolar sus almas en pos de la venganza que abrasa nuestras gargantas. Muerte al cobarde
Así como no olvidaré ninguna de las cosas con anterioridad citadas, prometo con odio y clamando venganza, que tampoco olvidaré a esos cobardes hijos de puta que han osado apartarte de nuestro lado. Si no existe el infierno, no os preocupéis crearé uno a vuestra imagen y semejanza. No voy a respirar hasta que no consiga dar caza a vuestros rostros sin alma, no dormiré hasta que vuestras cabezas rueden. Juro no descansar hasta veros perecer bajo mis manos. No me importa rebajarme a vuestro registro bélico. Hablando mal y rápido, me la suda mancharme las manos con vuestra fétida sangre porque súbdito soy del clamor de la venganza, latente en el grupo humano que os repudia. Pongo a mi Señor por testigo cuando digo que mi persecución será en esta vida y en la otra. Nunca descansareis en paz malnacidos. Seré la pesadilla de la que nunca podréis despertar. Veréis la diferencia entre matar por unas ideas y matar por odio, por el arrebatamiento de quien se ama. Poned pies en polvorosa porque no se os tiene miedo.
Llamo a la guerra a todos aquellos dispuestos a inmolar sus almas en pos de la venganza que abrasa nuestras gargantas. Muerte al cobarde
viernes, 12 de diciembre de 2008
Cazado (II)
- Buenas tardes ¿El señor Gastón?
- Servidor de usted.
- Genaro Tusso. ¿Dispone de tiempo para hablar conmigo? Serían cinco minutos, no es mi intención importunarle más de lo necesario.
- Sí, por supuesto. ¿De qué se trata? Pero antes de nada, pase, no se quede ahí.
Pedro Gastón examina a este italiano joven y apuesto. Es alto y robusto, estilizado en sus caminar. Luce un traje negro con una gabardina que le alcanza hasta las rodillas. Habla perfectamente el castellano pero con un deje nasal en los finales de palabra. Pedro le hace tomar asiento y por cortesía de su mujer les son servidos unos cafés.
- Vengo por asuntos de negocios señor Gastón. No me está permitido decirle para quien trabajo. Mi misión es ofertarle un producto.
- Todo esto suena un poco misterioso.
- No, no, no se preocupe. Ante todo transparencia. Nosotros le decimos qué es lo que ofrecemos y usted hace una oferta.
- Pues me tiene usted en ascuas.
- Ante todo clamo por su discreción. Mantenga en todo momento la calma y lo más importante, sea inteligente, piense con la cabeza y no con el corazón. Nosotros le ofrecemos a su hijo y usted remunera los servicios prestados.
A pedro en ese momento, tras lo dicho por el transalpino se le puso la piel de gallina, el cuerpo empezó a temblarle, su tez se tornó escarlata, su alma le quemaba, érale muy difícil guardar a aquel mafioso del tres al cuarto las consideraciones que la vida de su hijo exigían. Se hallaba en el pozo de la violencia más absoluta, un impulso e ímpetu asesinos le empujaban, lanzándole ante aquel sujeto.
- Acláreme el absurdo que acaba de escupir por su boca.
- No hay ningún absurdo caballero. Su hijo ha sido secuestrado en la mañana de hoy cuando se dirigía al instituto. Tiene 24 horas para facilitar una oferta al número que estipula la tarjeta que le voy a entregar antes de marchar. Por supuesto tiene prohibida toda comunicación con la policía o cualquier otro organismo de seguridad. Así mismo le comunico que sus teléfonos y otros elementos de comunicación como fax y ordenador están “pinchados”. Decirle tan sólo que la solución está en sus manos.
- Váyase con su mierda a otro barrio amigo.
- No debería hablarme en ese tono señor Gastón y menos cuando su hijo adolescente puede estar en manos muy poco aptas para esas edades.
- Le ruego que no se burle de mí de una manera tan despiadada y menos en estas circunstancias. No obstante y si no le importa voy a hacerle una oferta a su jefe que no podrá rechazar. Le doy nada a cambio de mi hijo. Ni un puto duro.
El italiano, impactado ante la frialdad del padre y viendo el cariz que estaba tomando la situación, decide hacer gala de su situación de superioridad, saca la tarjetita, con el número al cual debía llamar Pedro Gastón, con la brusquedad suficiente para que la gabardina se echase para tras y resplandeciese a ojos de empresario el arma que colgada de su cinturón. De esta forma dejaba el terreno mejor marcado y delimitado ante los ingenuos atrevimientos de Pedro León.
- Si me permite. Es hora de que marche señor Gastón.
- Márchese y no vuelva si sabe lo que le conviene. Y hágale saber la oferta a su jefe.
Una vez dicho esto, acompaña al mafioso hasta la salida y sin más miramientos rompe la tarjetita facilitada y se la tira, cerrando a su vez con un portazo.
- Rosa. Nos han quitado al niño.
- Servidor de usted.
- Genaro Tusso. ¿Dispone de tiempo para hablar conmigo? Serían cinco minutos, no es mi intención importunarle más de lo necesario.
- Sí, por supuesto. ¿De qué se trata? Pero antes de nada, pase, no se quede ahí.
Pedro Gastón examina a este italiano joven y apuesto. Es alto y robusto, estilizado en sus caminar. Luce un traje negro con una gabardina que le alcanza hasta las rodillas. Habla perfectamente el castellano pero con un deje nasal en los finales de palabra. Pedro le hace tomar asiento y por cortesía de su mujer les son servidos unos cafés.
- Vengo por asuntos de negocios señor Gastón. No me está permitido decirle para quien trabajo. Mi misión es ofertarle un producto.
- Todo esto suena un poco misterioso.
- No, no, no se preocupe. Ante todo transparencia. Nosotros le decimos qué es lo que ofrecemos y usted hace una oferta.
- Pues me tiene usted en ascuas.
- Ante todo clamo por su discreción. Mantenga en todo momento la calma y lo más importante, sea inteligente, piense con la cabeza y no con el corazón. Nosotros le ofrecemos a su hijo y usted remunera los servicios prestados.
A pedro en ese momento, tras lo dicho por el transalpino se le puso la piel de gallina, el cuerpo empezó a temblarle, su tez se tornó escarlata, su alma le quemaba, érale muy difícil guardar a aquel mafioso del tres al cuarto las consideraciones que la vida de su hijo exigían. Se hallaba en el pozo de la violencia más absoluta, un impulso e ímpetu asesinos le empujaban, lanzándole ante aquel sujeto.
- Acláreme el absurdo que acaba de escupir por su boca.
- No hay ningún absurdo caballero. Su hijo ha sido secuestrado en la mañana de hoy cuando se dirigía al instituto. Tiene 24 horas para facilitar una oferta al número que estipula la tarjeta que le voy a entregar antes de marchar. Por supuesto tiene prohibida toda comunicación con la policía o cualquier otro organismo de seguridad. Así mismo le comunico que sus teléfonos y otros elementos de comunicación como fax y ordenador están “pinchados”. Decirle tan sólo que la solución está en sus manos.
- Váyase con su mierda a otro barrio amigo.
- No debería hablarme en ese tono señor Gastón y menos cuando su hijo adolescente puede estar en manos muy poco aptas para esas edades.
- Le ruego que no se burle de mí de una manera tan despiadada y menos en estas circunstancias. No obstante y si no le importa voy a hacerle una oferta a su jefe que no podrá rechazar. Le doy nada a cambio de mi hijo. Ni un puto duro.
El italiano, impactado ante la frialdad del padre y viendo el cariz que estaba tomando la situación, decide hacer gala de su situación de superioridad, saca la tarjetita, con el número al cual debía llamar Pedro Gastón, con la brusquedad suficiente para que la gabardina se echase para tras y resplandeciese a ojos de empresario el arma que colgada de su cinturón. De esta forma dejaba el terreno mejor marcado y delimitado ante los ingenuos atrevimientos de Pedro León.
- Si me permite. Es hora de que marche señor Gastón.
- Márchese y no vuelva si sabe lo que le conviene. Y hágale saber la oferta a su jefe.
Una vez dicho esto, acompaña al mafioso hasta la salida y sin más miramientos rompe la tarjetita facilitada y se la tira, cerrando a su vez con un portazo.
- Rosa. Nos han quitado al niño.
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